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Empresas y empleados juegan sus cartas en un mercado laboral hostil

      
El trabajo temporal fue el primero en sufrir las consecuencias de la crisis, que ya ha alcanzado a las plantillas fijas de medio mundo. Tanto grandes, como pequeñas empresas, se han visto forzadas durante los últimos meses a presentar expedientes de regulación de empleo (ERE), ya sea porque necesitan recortar gastos para sobrevivir a la recesión o porque se han visto obligadas a echar el cierre. Sin embargo, en medio de la tormenta hay compañías y comités de empresa que están negociando fórmulas alternativas para no llegar a esta drástica situación

Cerca de 20.000 trabajadores de la industria del motor y el sector inmobiliario han sido los primeros en sufrir los efectos de la crisis financiera mundial en España. El virus ha seguido extendiéndose al conjunto de la actividad económica y, en lo que va de año, ya se ha cobrado más de medio millón de puestos laborales, según datos del Ministerio de Trabajo. Esta misma situación se repite en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos, origen de la recesión.

Hasta el momento, América Latina parecía haberse librado y, aunque la bonanza de la región para 2008 esté asegurada, con un crecimiento del 4,5% de media, el Fondo Monetario Internacional ya ha rebajado sus previsiones al 2,5% para el próximo ejercicio. Ante un difícil 2009, empresas y sindicatos se esfuerzan por buscar alternativas más flexibles a los expedientes de regulación de empleo para garantizar los puestos de trabajo sin perder productividad y asegurando la viabilidad de las compañías.

El mes pasado, el gigante siderúrgico ArcelorMittal anunciaba el recorte de mil empleos en España, que afectaba a trabajadores temporales y subcontratas, a la vez que anunciaba un ambicioso plan de ahorro de costes a nivel mundial y aseguraba que un ERE sería la última de las opciones. Sin embargo, hace sólo unos días, el mayor productor de acero del mundo se vio obligado a presentar un programa de recorte de 9.000 puestos de trabajo en todas las filiales del grupo.

Rocío Bonet, experta en recursos humanos de IE Business School, señala que algunas alternativas a un ERE "pasan por reducir los beneficios sociales, como los gastos por comidas, los viajes o las actividades de entretenimiento". Aunque la crisis también ha afectado a la economía doméstica, "algunos empleados pueden estar interesados en acogerse a programas de reducción de jornada o vacaciones no pagadas". En opinión de esta experta, se acabaron las horas extra y el derroche en gastos superfluos.

Miguel Ángel Cruz, abogado asociado del bufete especializado en Derecho del Trabajo Sagardoy Abogados, explica que "la empresa no puede obligar unilateralmente al trabajador, ya que, al ser un supuesto de modificación sustancial de las condiciones de trabajo, deberá cumplir con los requisitos establecidos en el Art. 41 del Estatuto de los trabajadores, siendo necesario la existencia de razones económicas, técnicas, organizativa o de producción, además de un acuerdo con la representación de los trabajadores, requisito necesario para realizar una modificación de carácter colectivo".

Algunas compañías han decidido aprovechar los paros técnicos para que sus empleados disfruten de sus vacaciones pagadas. Sin embargo, desde el punto de vista legal, "hay que cumplir con lo establecido en el convenio colectivo, en cuanto a duración (30 días naturales como mínimo), fechas, modo de disfrute y tiempo de preaviso (con dos meses de antelación)", explica Cruz, que matiza que "la empresa no puede obligar a disfrutar las vacaciones en las fechas que ésta disponga ni aun existiendo razones justificadas, siempre y cuando no exista acuerdo con los trabajadores".

Ahorro de costes

Sin embargo, son muchas las plantillas que están dispuestas a aceptar unas vacaciones anticipadas -que no suponen un recorte salarial- a cambio de evitar un ERE. Para Rocío Bonet, "lo primero que tiene que hacer la empresa es analizar su situación financiera" y plantearse diferentes alternativas. "Si los trabajadores entienden que aceptando estas medidas se evitan recortes de personal, estarán dispuestos a aceptar unas propuestas que, si bien drásticas, lo son menos que el despido". En su opinión, a la empresa también le interesa llegar a un acuerdo, ya que se puede ahorrar los costes de un ERE pero, sobre todo, porque en los despidos en masa, no se discrimina lo suficiente como para retener el mejor talento. Hay que evitar "perder a los mejores trabajadores, que son los que más falta hacen en estas épocas de crisis.

Miguel Ángel Cruz explica que, en aquellos supuestos donde la viabilidad futura de la empresa lo permita, las empresas pueden acudir a medidas alternativas al despido colectivo. "En este sentido, la más utilizada es la suspensión de los contratos de trabajo, donde la empresa no tiene obligación de pago de salarios y los trabajadores suspendidos pueden disfrutar de la prestación por desempleo durante la vigencia de la situación. También se suele utilizar la reducción de jornada de manera temporal, con la correspondiente reducción salarial, teniendo igualmente el trabajador derecho al desempleo por la parte proporcional de jornada reducida, aunque en ambos casos es necesaria la autorización de la autoridad laboral".

Y si hay que despedir…

Llegados a este punto, la pregunta que muchos trabajadores se hacen es ¿por qué no ha funcionado la retribución flexible de la que tanto han hecho gala las grandes empresas? Para Rocío Bonet la respuesta es muy sencilla: "Puede que no se haya aplicado en los niveles necesarios. Por ejemplo, ¿se paga también a trabajadores en niveles bajos de acuerdo con su productividad? ¿Se comparten con ellos los beneficios? La retribución flexible es ciertamente un modo de ajustar el pago de los empleados en tiempos de bonanza y crisis… pero mi percepción es que en algunos países, como España, todavía no esta muy extendida en niveles bajos y suele ser típica sólo de ciertos trabajos (venta a comisión) o de ciertos niveles (altos directivos)", de ahí que los recortes de personal sean, en muchas ocasiones, inevitables.

Hasta el pasado 15 de noviembre, se han presentado 136 ERE a la Dirección General de Trabajo a nivel estatal frente a los 51 de 2007. Los ERE presentados ante la Dirección General de Trabajo de 2008 afectaron a 41.342 trabajadores frente a los 3.936 afectados del año anterior". A éstos, habría que añadir todos los que se han presentado a nivel autonómico en diferentes sectores. España ocupa actualmente el primer puesto de la Unión Europea en el ritmo de crecimiento del desempleo y en su tasa absoluta, con un 12,8% de la población activa, según los últimos datos comparados de Eurostat, la Oficina de Estadística de la Unión Europea.

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