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La forma más eficiente de gastar fondos para ayudar a los enfermos del mundo

      
<div align=justify><font size=2 pt face=times new roman color=333333>Estas cuestiones se discutieron a fondo en la reciente conferencia sobre Gestión de Impacto Social de Wharton cuyo tema Soluciones para los problemas sociales de nuestra civilización—tomó prestada la frase utilizada hace 125 años por el fundador de la institución, Joseph Wharton, en su directrices para la educación centrada en los negocios.<br/><br/><font size=2 pt face=arial, helvetica color=ff0000> En busca de socios</font><br/><br/> La búsqueda de nuevos modelos de ayuda a las personas más pobres del mundo es posiblemente más evidente en el sector de la salud, donde la crisis de SIDA/VIH ha llamado la atención de los millones de individuos que la sufren sin un tratamiento médico básico, según los participantes en un panel titulado, Alianzas público-privadas: Soluciones emergentes para resolver los desafíos globales de salud.<br/><br/> Hannah Kettler, responsable de la programación de estrategias globales de salud de la Fundación Bill & Melinda Gates, dijo que la organización ha gastado 6.000 millones de dólares en los últimos cinco años para mejorar la salud de los países más pobres, pero está buscando constantemente nuevas maneras de emplear su dinero de una manera más eficaz. La fundación es una clásica organización no lucrativa, que otorga fondos a los necesitados a través de donaciones a otras organizaciones con programas propios, dijo Kettler, añadiendo que nuestro éxito depende de estos beneficiarios. Con mayor frecuencia, los beneficiarios de la fundación buscan asociarse con otras organizaciones, incluyendo el Gobierno, el sector privado y otras organizaciones no lucrativas.<br/><br/> Nos damos cuenta de que, muchas veces, no hay una solución única. Las soluciones dependen de una combinación de un conjunto de habilidades, además de culturas diferentes y fortalezas organizativas, añadió Kettler. Las idea de juntar el sector privado con la misión del sector público, la sociedad civil y las organizaciones volcadas en la defensa de los derechos de la comunidad está detrás de buena parte de las donaciones que concedemos.<br/><br/> Según Melinda Moree, beneficiaria de Gates y directora del proyecto para la vacunación contra la malaria (MVI), la participación del sector privado es crucial en la sanidad mundial. Durante muchos años, el sector público dijo que deberíamos hacer productos para países pobres y regalarlos o venderlos a precios muy bajos. Esto puede haber hecho que la gente se sienta bien, pero no estaba ayudando a que nosotros recibiéramos los productos que necesitábamos.<br/><br/> Aproximadamente en el año 2000, señaló Moree, los gobiernos empezaron a darse cuenta de que si querían ayudar a la población, deberían encontrar maneras de pagar las medicinas, en lugar de esperar a recibir donaciones. Como resultado de esto, los gobiernos y las organizaciones humanitarias empezaron a asociarse con las empresas farmacéuticas. La iniciativa de la vacunación contra la malaria tiene una relación muy compleja con GlaxoSmithKline que parece estar dando buenos resultados contra las infecciones causadas por esta enfermedad en Mozambique. Se tardó un año en negociar la sociedad, dijo.<br/><br/> Las dos partes estuvieron de acuerdo sobre la cantidad que MVI pagaría a GlaxosmithKline a medida que se fueran cumpliendo ciertas etapas en el proceso de desarrollo de la vacuna. Además, los socios diseñaron una estructura para una gestión y toma de decisiones conjunta. Ambas partes intentaron centrarse en sus respectivas fortalezas. Por ejemplo, GSK se encargó de asegurar que la medicina no produjera efectos secundarios graves, mientras que MVI puso en acción su red de contactos para facilitar la realización de pruebas clínicas en África.<br/><br/> Además de trabajar con las empresas farmacéuticas, MVI ha desarrollado modelos de asociaciones para proyectos de investigación académica y gubernamental. Ellos pueden hacer parte del trabajo básico, pero no pueden convertirlo en productos, dijo Moree.<br/><br/> Moree subrayó que las organizaciones que trabajan en salud tienen mucho que aprender de las empresas con fines lucrativos. Una de las cosas más espectaculares acerca de las empresas es que existen para solucionar problemas. Si no solucionas problemas, no ganas dinero, dijo, señalando que las organizaciones no lucrativas pueden – y, de hecho, es lo que ocurre- continuar recibiendo fondos durante años sin llegar a resolver el problema para el que fueron creadas. La cuestión no es el mecanismo utilizado. Se trata de centrarse en el problema y luego pasar al siguiente. No hay escasez en este campo.<br/><br/> Wendy Taylor, directora ejecutiva de Bioventures for Global Health, ofreció otra perspectiva de debate sobre las organizaciones con fines lucrativos. Los ejecutivos de las empresas a menudo están ansiosos por ayudar a encontrar soluciones a los problemas mundiales de salud, pero no lo hacen por su responsabilidad con los inversores para generar beneficios, dijo. El dilema es mayor para las empresas de biotecnología en comparación con los fabricantes tradicionales de medicinas porque la mayoría de estas empresas tienen un potencial enorme para generar nuevos tratamientos, pero muchas todavía no han conseguido ser lucrativas. Los consejeros delegados me dicen todo el tiempo que les gustaría ayudar, pero que es irresponsable por su parte utilizar los recursos de la empresa, dijo Taylor. Debemos cambiar esto.<br/><br/> Al identificar nuevos mercados ignorados por los consejeros delegados, Bioventures for Global Health puede encontrar empresas que ayuden a desarrollar productos para los pobres del mundo. Las empresas de biotecnología, señala, no necesitan obligatoriamente un éxito de ventas- por ejemplo, una medicina de éxito que les proporcione un beneficio de 1.000 millones de dólares- para poder apoyar ventas masivas y operaciones de márketing, tal y como hacen las empresas farmacéuticas tradicionales. Como resultado de esto, pueden ganar dinero con un medicamento cuyas ventas alcancen entre 200 y 400 millones de dólares en el mundo en desarrollo. Por ejemplo, su grupo ha realizado un análisis de mercado para una vacuna contra la tuberculosis que indica que el producto podría alcanzar ventas anuales de 700 millones de dólares. Podría tratarse de una oportunidad atractiva, dijo Taylor.<br/><br/> Quizá las empresas podrían asociarse con empresas de los países en desarrollo donde el enorme coste del proceso, incluyendo las pruebas clínicas, sería más barato, añade, señalando que, en otros casos, las empresas necesitan trabajar con el sector público para desarrollar nuevos modelos de financiación.<br/><br/> Satish Reddy, jefe de operaciones de Dr. Reddys Laboratories, una compañía farmacéutica india que ha proporcionado tratamiento con medicamentos genéricos para pacientes de SIDA/VIH en países en desarrollo, dijo que su empresa se encuentra en un momento de transición para dedicar más recursos a descubrir sus propios medicamentos nuevos. El cambio de estrategia coincide con un momento en el que India comienza a cumplir las normas internacionales de propiedad intelectual.<br/><br/> Según Reddy, encontrar maneras para proporcionar medicinas con bajo margen de beneficio a los pobres y financiar las nuevas inversiones de la empresa en investigación era un desafío para la gestión. Para hacer frente a esto, la empresa se asoció con firmas de capital riesgo, que pasaron a financiar los productos más antiguos de la empresa a través de contratos de royalties. Respecto a la investigación de la empresa, formó una sociedad con firmas de capital para crear una empresa separada, Perlecan Pharma Private Ltd.<br/><br/> Dr. Reddy´s también ha desarrollado un modelo que le permite llegar a los mercados rurales más apartados con alguno de sus productos más antiguos y menos rentables. La empresa creó una división separada para trabajar con emprendedores locales que venden los productos en territorios lejos de las grandes ciudades y pueblos donde Dr. Reddy´s se ha establecido. Les decimos: no entren en los mercados principales, pero la oportunidad existe, dijo Reddy. La logística es confusa, pero ya hemos dado los primeros pasos y podemos expandir el modelo.<br/><br/> Reddy no se mostró muy optimista respecto a la posibilidad de asociarse con el Gobierno en el área de salud. El sector público simplemente no funciona, esto está muy claro. No queremos asociarnos con el Gobierno. No creemos que tenga la infraestructura para hacerlo.<br/><br/><font size=2 pt face=arial, helvetica color=ff0000> 30.000 médicos frente a 300</font><br/><br/> Aparte de la dificultad para financiar la investigación y el desarrollo de tratamientos para dolencias del mundo en desarrollo, el sistema de salud, que incluye desde los médicos, los hospitales y los camiones encargados de transportar las medicinas a los pueblos, constituye otro desafío, dijeron los panelistas.<br/><br/> Jeff Butler, consejero delegado de BroadReach Healthcare, una firma consultora con fines lucrativos de Virginia que está desarrollando sistemas de salud en África y otras regiones en desarrollo, dijo que la crisis de SIDA se ha centrado desde hace mucho en los avances del área farmacéutica. Pero la crisis ha servido también para que haya una mayor concienciación sobre la falta de sistemas básicos de salud para la administración de los medicamentos. Nosotros vemos la crisis del SIDA como un medio que nos permitirá desarrollar más ampliamente los sistemas sanitarios. Todo el dinero y la atención prestada a esta enfermedad en particular puede usarse de modo eficaz para construir los cimientos de la gestión de cuidados básicos y de otras dolencias crónicas.<br/><br/> Una idea sería apalancar los sistemas de salud privados ya existentes, dijo Butler. Por ejemplo, en Suráfrica, la mitad de los sistemas hospitalarios están en manos privadas, mientras que la otra mitad son gestionados por el Estado. Así todo, sólo el 10% de la población puede pagar la atención médica disponible en el sistema privado. BroadReach está intentando desarrollar fondos de seguridad social que ayudarían a financiar que los clientes pobres usen espacio disponible en el sistema privado.<br/><br/> El mayor problema del área de salud en las naciones en desarrollo es la escasez de recursos humanos- médicos y enfermeras con experiencia y capaces de monitorear la administración de medicamentos y el seguimiento necesario de los pacientes. Por ejemplo, dijo, Florida y Mozambique tienen poblaciones de aproximadamente 19 millones. Florida tiene 30.000 médicos, mientras que Mozambique 300. Mozambique nunca tendrá un modelo de salud al estilo Occidental, administrado por médicos, señaló Butler. Tenemos que definir paradigmas para la generación de nuevos trabajadores en el área de salud, enfermeras en prácticas, curanderos tradicionales y comadronas.<br/><br/> Además, llamó la atención sobre la necesidad de incentivos para que las organizaciones lucrativas participen en la búsqueda de soluciones para los problemas sociales en los países en desarrollo. En los últimos 40 a 100 años de apoyo al desarrollo, hemos llegado de alguna manera al paradigma de que ese apoyo, como por ejemplo las actividades de impacto social, debería ser una iniciativa sin fin de lucro. Me gustaría desafiar esa idea. Él puso como ejemplo un gran puente destruido en Nueva Orleans por el huracán Katrina. Los funcionarios del Gobierno no llamaron a una organización no lucrativa para arreglarlo. Buscaron contratistas competentes del sector privado. Necesitamos romper este paradigma según el cual no se deben conceder incentivos de mercado a organizaciones capaces, privándoles de la oportunidad de centrarse en algunos de los mayores desafíos de salud pública del mundo actual. <br/><br/><font size=2 pt face=times new roman color=ff0000><a href=https://www.universia.edu.uy/index.php?option=com_content&task=view&id=1237&Itemid=45>Haga click aquí para continuar leyendo la nota</a></font>
Estas cuestiones se discutieron a fondo en la reciente conferencia sobre Gestión de Impacto Social de Wharton cuyo tema Soluciones para los problemas sociales de nuestra civilización—tomó prestada la frase utilizada hace 125 años por el fundador de la institución, Joseph Wharton, en su directrices para la educación centrada en los negocios.

En busca de socios

La búsqueda de nuevos modelos de ayuda a las personas más pobres del mundo es posiblemente más evidente en el sector de la salud, donde la crisis de SIDA/VIH ha llamado la atención de los millones de individuos que la sufren sin un tratamiento médico básico, según los participantes en un panel titulado, Alianzas público-privadas: Soluciones emergentes para resolver los desafíos globales de salud.

Hannah Kettler, responsable de la programación de estrategias globales de salud de la Fundación Bill & Melinda Gates, dijo que la organización ha gastado 6.000 millones de dólares en los últimos cinco años para mejorar la salud de los países más pobres, pero está buscando constantemente nuevas maneras de emplear su dinero de una manera más eficaz. La fundación es una clásica organización no lucrativa, que otorga fondos a los necesitados a través de donaciones a otras organizaciones con programas propios, dijo Kettler, añadiendo que "nuestro éxito depende de estos beneficiarios". Con mayor frecuencia, los beneficiarios de la fundación buscan asociarse con otras organizaciones, incluyendo el Gobierno, el sector privado y otras organizaciones no lucrativas.

"Nos damos cuenta de que, muchas veces, no hay una solución única. Las soluciones dependen de una combinación de un conjunto de habilidades, además de culturas diferentes y fortalezas organizativas", añadió Kettler. "Las idea de juntar el sector privado con la misión del sector público, la sociedad civil y las organizaciones volcadas en la defensa de los derechos de la comunidad está detrás de buena parte de las donaciones que concedemos".

Según Melinda Moree, beneficiaria de Gates y directora del proyecto para la vacunación contra la malaria (MVI), la participación del sector privado es crucial en la sanidad mundial. "Durante muchos años, el sector público dijo que deberíamos hacer productos para países pobres y regalarlos o venderlos a precios muy bajos. Esto puede haber hecho que la gente se sienta bien, pero no estaba ayudando a que nosotros recibiéramos los productos que necesitábamos".

Aproximadamente en el año 2000, señaló Moree, los gobiernos empezaron a darse cuenta de que si querían ayudar a la población, deberían encontrar maneras de pagar las medicinas, en lugar de esperar a recibir donaciones. Como resultado de esto, los gobiernos y las organizaciones humanitarias empezaron a asociarse con las empresas farmacéuticas. La iniciativa de la vacunación contra la malaria tiene una relación muy compleja con GlaxoSmithKline que parece estar dando buenos resultados contra las infecciones causadas por esta enfermedad en Mozambique. Se tardó un año en negociar la sociedad, dijo.

Las dos partes estuvieron de acuerdo sobre la cantidad que MVI pagaría a GlaxosmithKline a medida que se fueran cumpliendo ciertas etapas en el proceso de desarrollo de la vacuna. Además, los socios diseñaron una estructura para una gestión y toma de decisiones conjunta. Ambas partes intentaron centrarse en sus respectivas fortalezas. Por ejemplo, GSK se encargó de asegurar que la medicina no produjera efectos secundarios graves, mientras que MVI puso en acción su red de contactos para facilitar la realización de pruebas clínicas en África.

Además de trabajar con las empresas farmacéuticas, MVI ha desarrollado modelos de asociaciones para proyectos de investigación académica y gubernamental. "Ellos pueden hacer parte del trabajo básico, pero no pueden convertirlo en productos", dijo Moree.

Moree subrayó que las organizaciones que trabajan en salud tienen mucho que aprender de las empresas con fines lucrativos. "Una de las cosas más espectaculares acerca de las empresas es que existen para solucionar problemas. Si no solucionas problemas, no ganas dinero", dijo, señalando que las organizaciones no lucrativas pueden – y, de hecho, es lo que ocurre- continuar recibiendo fondos durante años sin llegar a resolver el problema para el que fueron creadas. "La cuestión no es el mecanismo utilizado. Se trata de centrarse en el problema y luego pasar al siguiente. No hay escasez en este campo".

Wendy Taylor, directora ejecutiva de Bioventures for Global Health, ofreció otra perspectiva de debate sobre las organizaciones con fines lucrativos. Los ejecutivos de las empresas a menudo están ansiosos por ayudar a encontrar soluciones a los problemas mundiales de salud, pero no lo hacen por su responsabilidad con los inversores para generar beneficios, dijo. El dilema es mayor para las empresas de biotecnología en comparación con los fabricantes tradicionales de medicinas porque la mayoría de estas empresas tienen un potencial enorme para generar nuevos tratamientos, pero muchas todavía no han conseguido ser lucrativas. "Los consejeros delegados me dicen todo el tiempo que les gustaría ayudar, pero que es irresponsable por su parte utilizar los recursos de la empresa", dijo Taylor. "Debemos cambiar esto".

Al identificar nuevos mercados ignorados por los consejeros delegados, Bioventures for Global Health puede encontrar empresas que ayuden a desarrollar productos para los pobres del mundo. Las empresas de biotecnología, señala, no necesitan obligatoriamente un éxito de ventas- por ejemplo, una medicina de éxito que les proporcione un beneficio de 1.000 millones de dólares- para poder apoyar ventas masivas y operaciones de márketing, tal y como hacen las empresas farmacéuticas tradicionales. Como resultado de esto, pueden ganar dinero con un medicamento cuyas ventas alcancen entre 200 y 400 millones de dólares en el mundo en desarrollo. Por ejemplo, su grupo ha realizado un análisis de mercado para una vacuna contra la tuberculosis que indica que el producto podría alcanzar ventas anuales de 700 millones de dólares. "Podría tratarse de una oportunidad atractiva", dijo Taylor.

Quizá las empresas podrían asociarse con empresas de los países en desarrollo donde el enorme coste del proceso, incluyendo las pruebas clínicas, sería más barato, añade, señalando que, en otros casos, las empresas necesitan trabajar con el sector público para desarrollar nuevos modelos de financiación.

Satish Reddy, jefe de operaciones de Dr. Reddys Laboratories, una compañía farmacéutica india que ha proporcionado tratamiento con medicamentos genéricos para pacientes de SIDA/VIH en países en desarrollo, dijo que su empresa se encuentra en un momento de transición para dedicar más recursos a descubrir sus propios medicamentos nuevos. El cambio de estrategia coincide con un momento en el que India comienza a cumplir las normas internacionales de propiedad intelectual.

Según Reddy, encontrar maneras para proporcionar medicinas con bajo margen de beneficio a los pobres y financiar las nuevas inversiones de la empresa en investigación era un desafío para la gestión. Para hacer frente a esto, la empresa se asoció con firmas de capital riesgo, que pasaron a financiar los productos más antiguos de la empresa a través de contratos de royalties. Respecto a la investigación de la empresa, formó una sociedad con firmas de capital para crear una empresa separada, Perlecan Pharma Private Ltd.

Dr. Reddy´s también ha desarrollado un modelo que le permite llegar a los mercados rurales más apartados con alguno de sus productos más antiguos y menos rentables. La empresa creó una división separada para trabajar con emprendedores locales que venden los productos en territorios lejos de las grandes ciudades y pueblos donde Dr. Reddy´s se ha establecido. "Les decimos: no entren en los mercados principales, pero la oportunidad existe", dijo Reddy. "La logística es confusa, pero ya hemos dado los primeros pasos y podemos expandir el modelo".

Reddy no se mostró muy optimista respecto a la posibilidad de asociarse con el Gobierno en el área de salud. "El sector público simplemente no funciona, esto está muy claro. No queremos asociarnos con el Gobierno. No creemos que tenga la infraestructura para hacerlo".

30.000 médicos frente a 300

Aparte de la dificultad para financiar la investigación y el desarrollo de tratamientos para dolencias del mundo en desarrollo, el sistema de salud, que incluye desde los médicos, los hospitales y los camiones encargados de transportar las medicinas a los pueblos, constituye otro desafío, dijeron los panelistas.

Jeff Butler, consejero delegado de BroadReach Healthcare, una firma consultora con fines lucrativos de Virginia que está desarrollando sistemas de salud en África y otras regiones en desarrollo, dijo que la crisis de SIDA se ha centrado desde hace mucho en los avances del área farmacéutica. Pero la crisis ha servido también para que haya una mayor concienciación sobre la falta de sistemas básicos de salud para la administración de los medicamentos. "Nosotros vemos la crisis del SIDA como un medio que nos permitirá desarrollar más ampliamente los sistemas sanitarios. Todo el dinero y la atención prestada a esta enfermedad en particular puede usarse de modo eficaz para construir los cimientos de la gestión de cuidados básicos y de otras dolencias crónicas".

Una idea sería apalancar los sistemas de salud privados ya existentes, dijo Butler. Por ejemplo, en Suráfrica, la mitad de los sistemas hospitalarios están en manos privadas, mientras que la otra mitad son gestionados por el Estado. Así todo, sólo el 10% de la población puede pagar la atención médica disponible en el sistema privado. BroadReach está intentando desarrollar fondos de seguridad social que ayudarían a financiar que los clientes pobres usen espacio disponible en el sistema privado.

El mayor problema del área de salud en las naciones en desarrollo es la escasez de recursos humanos- médicos y enfermeras con experiencia y capaces de monitorear la administración de medicamentos y el seguimiento necesario de los pacientes. Por ejemplo, dijo, Florida y Mozambique tienen poblaciones de aproximadamente 19 millones. Florida tiene 30.000 médicos, mientras que Mozambique 300. Mozambique nunca tendrá un modelo de salud al estilo Occidental, administrado por médicos, señaló Butler. "Tenemos que definir paradigmas para la generación de nuevos trabajadores en el área de salud, enfermeras en prácticas, curanderos tradicionales y comadronas".

Además, llamó la atención sobre la necesidad de incentivos para que las organizaciones lucrativas participen en la búsqueda de soluciones para los problemas sociales en los países en desarrollo. "En los últimos 40 a 100 años de apoyo al desarrollo, hemos llegado de alguna manera al paradigma de que ese apoyo, como por ejemplo las actividades de impacto social, debería ser una iniciativa sin fin de lucro. Me gustaría desafiar esa idea". Él puso como ejemplo un gran puente destruido en Nueva Orleans por el huracán Katrina. Los funcionarios del Gobierno no llamaron a una organización no lucrativa para arreglarlo. Buscaron contratistas competentes del sector privado. "Necesitamos romper este paradigma según el cual no se deben conceder incentivos de mercado a organizaciones capaces, privándoles de la oportunidad de centrarse en algunos de los mayores desafíos de salud pública del mundo actual".

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