text.compare.title

text.compare.empty.header

Noticias

Entrevista a Claudio Rama, director de IESALC/UNESCO

      
En el marco del Seminario Caminos de la Educación Superior, realizado en nuestro país a principios de este mes, Claudio Rama director de IESALC/UNESCO, disertó sobre cuál es el nuevo escenario mundial de la Educación Superior en un período posmasificación. Para Rama la inequidad que está naciendo es la peor que puede existir a nivel educativo: la inequidad de calidad. Hemos pasado de una diferenciación en el acceso- antes no había mujeres en la Educación Superior, hoy la mujer representa el 75%-, a un acceso dividido por circuitos, hoy tenemos un circuito de calidad y un circuito de baja calidad.

Para el director de IESALC no se alcanza la sociedad del saber solo con una cobertura masiva de educación superior, es necesaria una educación de calidad. La realidad actual debe ser subsanada tanto por la vía del establecimiento de sistemas de aseguramiento de la calidad, como por políticas públicas que propendan a garantizar a la sociedad los estándares mínimos necesarios y los incentivos para que la educación superior uruguaya alcance el mejor nivel.

Universia (U)- ¿Cuál es el mayor obstáculo que ve en Uruguay para la implementación de un sistema de calidad?

Claudio Rama (CR)- Es un dato que en Uruguay hay resistencias a la implementación de un sistema de calidad. En la región en los últimos años se han creado por ley sistemas de aseguramiento de la calidad en Argentina, Paraguay, Chile, Bolivia, Brasil, Ecuador, Colombia, México, Cuba, Jamaica, Trinidad y Tobago y El Salvador. El MERCOSUR lo fijó como un objetivo y todos los países lo han aprobado a excepción de Uruguay. En la Ley de Presupuesto en su primera versión presentada al parlamento aparecía como un objetivo pero en una segunda versión dicho artículo desapareció.

En muchas partes de la región las universidades públicas establecieron controles de ingreso a través de cupos o exámenes con lo cual detuvieron sus tendencias a la masificación y garantizaron niveles de calidad. Como contraparte de eso se desarrolló una parte del sector privado como modalidad de absorción de demanda insatisfecha de menores niveles de capital cultural. Los sistemas de aseguramiento de la calidad en toda la región han sido promovidos por las universidades públicas para garantizar estándares de calidad similares y obligar a una parte del sector privado a mejorar la calidad. Uruguay ha funcionado a la inversa. Clases masivas en el sector público, proliferación de profesores asistentes y preparadores, ausencia de pruebas de ingreso, y sólo en algunos casos algunos propedéuticos para los estudiantes provenientes de las escuelas públicas. A diferencia, el sector privado se está conformando crecientemente como un sector de elites con mayores estándares de calidad.

Al comienzo del gobierno algunos ministros hablaron de poner exámenes, establecer cupos o que las personas de recursos altos paguen. Son complejas discusiones que rompen paradigmas muy integrados a las personas, pero es necesario comprender que los propios paradigmas funcionan como barreras que no permiten endentar las nuevas realidades, pero sin lugar a dudas son mejores para el Uruguay del futuro que la teoría del avestruz.

U- Usted habló de tres etapas por las que ha pasado la Educación Superior en América Latina ¿Cree que Uruguay se encuentra dentro de la tercera etapa de internacionalización?

CR- En un libro de pronta salida en el Fondo de Cultura Económica en Buenos Aires titulado La Tercera Reforma de la Educación Superior refiero a una primera etapa basada en un monopolio universitario, de una educación gratuita, de pregrado, urbana y blanca en toda la región. Hacia los sesenta las demandas de masificación promovieron un modelo dual público privado, que contribuyó a la feminización, la regionalización de la educación y la diversificación de opciones. Hoy, el nuevo contexto es una tercera reforma en la cual el eje está dado por lo internacional que promueve el establecimiento de mecanismos de aseguramiento de la calidad con estándares internacionales que permitan la movilidad estudiantil y docente a través de la creditización, la inviolabilidad del título y la información suplementaria. En este nuevo escenario nos encontramos además con una nueva modalidad a través de la educación virtual, el uso de nuevas tecnologías de información y comunicación, y la creación de redes educativas (posgrados compartidos, etc). Es un nuevo y complejo escenario que obliga a pensar la educación ya no solo como un bien público sino como un bien público internacional, en el cual los estándares de calidad son también globales, como parte de la pertinencia y –directa o indirectamente- los mercados laborales. No se puede cerrar la frontera al saber ya que es reducir la libertad de las personas de acceder al conocimiento.

Uruguay está en discusión. Una clara muestra de ello es la reducción de las horas de inglés en pregrado. Esto se expresa en tener la educación como un instrumento político para repetición de saberes obsoletos o el desarrollo de la diversidad de opciones de las personas.

U- Uruguay está comenzando el camino hacia un sistema de acreditación de la calidad. El primer paso está dado: que algunas instituciones de Educación Superior quieran y procuren lograr la acreditación. ¿Cuál es el siguiente paso?

CR- Sin duda que las universidades privadas lo quieran hacer es un paso muy importante. En México la institución que las nuclea a las privadas está en ese mismo camino y nosotros estamos ayudándolas. Es un largo recorrido que están haciendo todos los países para promover una educación de calidad y que deberá ser permanente en este contexto de la sociedad del saber caracterizada por la renovación permanente del saber y al mismo tiempo su obsolescencia. Es la nueva realidad mundial. Capacitar a pares evaluadores, crear unidades de evaluación, construir una cultura de la evaluación, generar sistemas estadísticos fiables, confiables y abarcantes, desarrollar estándares de calidad, generar espacios de evaluación diferenciados en pregrado y posgrado. Pero sin duda me parece que el próximo paso en Uruguay es crear una asociación civil, o simplemente un acuerdo entre las universidades en el cual se plasmen las modalidades. Ese ámbito debe ser de calidad, exigente, democrático, y sus decisiones de obligatorio cumplimiento.

U- ¿Qué rol debe desempeñar cada universidad para implementar el sistema de acreditación de la calidad? ¿Es necesaria la participación de todos los institutos de Educación Superior para llevarlo a cabo?

CR- Lo perfecto sería que las Universidades llevaran adelante autónomamente las mejorías de calidad. La autoevaluación está en la base de este sistema y sin lugar a duda también la autoejecución de las mejorías necesarias recomendadas. Sin embargo, sabemos que a todos nos cuesta ver con objetividad. Más allá de si ella discute, es obvio que la subjetividad es lo dominante a la hora de analizarnos. Las universidades deben darle poder y autonomía a las unidades que asumen esas tareas, deben asumir responsablemente la instrumentación de sus decisiones. Las decisiones deben estar supeditadas a los criterios de calidad y no a decisiones políticas o administrativas. Lo mejor es, sin duda, un sistema integrado, donde todo el sistema sea parte y que sea obligatorio. Lo público y lo privado, lo universitario y lo terciario, el pregrado y el postgrado, deberían todos ser parte de un sistema de aseguramiento de la calidad.





Vea aquí la presentación Power Point expuesta por Claudio Rama en el Seminario Caminos de la Educación Superior.
  • Fuente:

Tags:

Aviso de cookies: Usamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para análisis estadístico y para mostrarle publicidad. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.