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Las empresas ante el reto de la gripe aviar

      
Esta incertidumbre representa un enorme reto para gobiernos, corporaciones y ciudadanos de todo el mundo. Nadie sabe qué ocurrirá con el virus de la gripe aviar en los próximos meses y años. ¿Mutará en una cepa que hará posible el contagio inmediato entre personas? ¿O acabará desapareciendo?

Mucha gente está contemplando diferentes escenarios, más o menos severos, para así planificar lo que podría convertirse en una calamidad. Con las noticias de las últimas semanas, con la gripe viajando hasta un gran número de nuevos países, profesores de Wharton, profesionales del sector sanitario y analistas de riesgos afirman que es importante que las empresas evalúen como podría una pandemia afectar a sus organizaciones y cómo adoptar medidas preventivas para mitigar los daños y mantener operativas las empresas. De hecho, expertos afirman que las empresas deberían estar planificando cómo enfrentarse a todo tipo de riesgos y prepararse para una posible gripe pandémica con un plan estratégico integral.

Stephen Kobrin, profesor de Gestión de Wharton, asistió en enero a algunas de las sesiones del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, y escuchó cómo los ejecutivos esbozaban los posibles peligros de la gripe aviar. Fue entonces cuando Kobrin se dio cuenta del desastre asociado con la pandemia.

"El problema no consiste únicamente en la gente que enferma y deja de trabajar", dice Kobrin. "También tiene que ver con fallos significativos en las infraestructuras. Si se produce una pandemia, la gente no querrá abandonar sus casas. Esto se traducirá en problemas con el suministro de alimentos, con las cadenas de suministros, con los sistemas de transporte y con los sistemas de tecnologías de la información si los sistemas fallan y nadie acude a repararlos. El tema es ¿Cómo operar en un contexto de caos? Hay que planificar en caso de que se produzcan fallos importantes en las infraestructuras físicas y sociales. La cuestión sobre la cual las empresas deberían reflexionar es cómo hacer que los negocios sigan funcionando".

Pensemos tan sólo en algunos de los efectos que tendría una pandemia sobre la asistencia en oficinas, fábricas, compañías aéreas, autobuses, trenes, escuelas, hospitales, etc.; la gente se quedaría en casa por estar enfermos o bien por tener miedo a contraer la enfermedad.

Peter Cappelli, profesor de Gestión de Wharton, recuerda las estructuras que las empresas crearon cuando visitó Singapur durante la epidemia de SARS (síndrome respiratorio agudo severo) en 2003. Cada mañana algunas empresas obligaban a los empleados a informar sobre la temperatura corporal –un indicador de infección por SARS-, antes de permitírseles la incorporación a su puesto de trabajo. Los gerentes implementaron un "sistema de colegas" bajo el cual un empleado tenía que tomar la temperatura de sus compañeros para certificar que "su colega" no estaba mintiendo acerca de su temperatura.

"También se colocaron cámaras con rayos infrarrojos para identificar a personas con fiebre", dice Capelli. "Si tenías fiebre, tenías que notificárselo a las autoridades de salud pública. Te examinaban para detectar los síntomas y si estabas enfermo te ponían en cuarentena en casa. Si no cooperabas, te obligaban a llevar una pulsera en el tobillo. El SARS estaba haciendo tanto daño a la economía que toda la nación pensaba que había que hacer algo al respecto y rápidamente".

Es de destacar que el propio Capelli sopesó los riesgos y se sintió lo suficientemente cómodo con relación a su propia seguridad que decidió meterse en el avión y volar a Asia. "Si mirabas las cifras de casos –unos pocos en una población de cuatro millones de personas-, el riesgo de contraer el SARS era muy bajo", dice.

Robert E. Mittelstaedt Jr., decano del W.P. Carey School of Business de la Universidad de Arizona y ex-director del programa de Educación de Ejecutivos de Wharton, está de acuerdo en que las interferencias en los lugares de trabajo serían tremendas si una parte importante de los empleados permaneciesen en sus casas durante una pandemia. Pero Mittelstaedt cree que el brusco descenso del consumo sería un problema mucho más serio". Dos tercios de nuestra economía se sostiene gracias al gasto en consumo", dice. "Comprar coches y otros muchos bienes puede posponerse indefinidamente. Pensemos en el sector del entretenimiento. Si llegamos a un punto en el que se demuestra que la gripe se puede transmitir de persona a persona, el impacto económico podría ser enorme".

Howard Kunreuther, profesor de Empresa y Política Pública y Ciencias de la Decisión de Wharton, afirma que una pandemia es "un riesgo muy, muy difícil de predecir. No tenemos mucha información y existe mucha incertidumbre. Una vez dicho esto, las consecuencias son que millones de personas podrían morir. Si se produce algo similar a la epidemia de 1918, ¡ni siquiera me atrevo a pensar en ello!".

Los fundamentos básicos

He aquí las últimas noticias sobre el virus de gripe aviar H5N1: Más de 200 millones de aves (pájaros migratorios y aves de corral) en Asia, Oriente Medio, Europa y África han muerto por el virus o han sido sacrificadas por las autoridades como medida para intentar frenar el avance del mismo. Según la Organización Mundial de la Salud, desde 2003 se han producido 92 casos confirmados de personas que han fallecido por gripe aviar, la mayoría en Asia y contrayendo la enfermedad por contacto directo con aves. Al menos otras 170 personas han sido infectadas. Desde principios de febrero de este año, 13 países de tres continentes diferentes han informado de la existencia de brotes de gripe aviar entre sus aves. A pesar de esta creciente propagación entre aves domésticas y salvajes, la Organización Mundial de la Salud subraya que los casos de infección en humanos siguen siendo poco habituales.

No se ha desarrollado ninguna vacuna contra el virus H5N1. El pasado año los institutos nacionales de la salud empezaron a realizar pruebas clínicas. Según el gobierno federal, los estudios de los laboratorios sugieren que algunos de los medicamentos aprobados en Estados Unidos para los virus contra la gripe humana deberían funcionar en humanos contra las infecciones por gripe aviar. Sin embargo, los virus contra la gripe puede hacerse resistentes a estos medicamentos, así que la medicación no siempre tiene por qué funcionar. El virus H5N1 es resistente a la amantadina y la rimatadina, dos medicamentos antivirales frecuentemente empleados contra la gripe. Otros dos medicamentos antivirales, el oseltamavir (Tamiflu) y el zanamavir, posiblemente funcionarían para el tratamiento de la gripe causada por el virus H5N1, pero aún es necesario realizar estudios adicionales para demostrar su efectividad.

En opinión de Neil Fishman, director del Departamento de Epidemiología y Control de Infecciones de la University of Pennsylvania Medical School, incluso si los científicos fuesen capaces de desarrollar una vacuna, no existen garantías de que se produjesen suficientes dosis a tiempo, ya que el proceso de producción -empleando el método actual de criar virus en huevos de pollo-, tal vez llevaría de seis meses a un año.

"Se necesitarían cientos de millones de huevos únicamente para Estados Unidos, por no mencionar los que se necesitarían para cubrir todo el planeta!", afirmaba añadiendo que los científicos han desarrollado nuevas tecnologías basadas en tejidos que permitirían una producción más rápida de vacunas, pero dichas tecnologías aún no han sido aprobadas por U.S. Food and Drug Administration.

Según Fishman, hasta el momento se han producido al menos dos casos probables de transmisión del virus de un humano a otro; ambos casos ocurrían en el Sudoeste Asiático y fueron investigados por las autoridades sanitarias en 2004 y 2005. Para que se desencadenase una pandemia, el virus tendría que mutar en una cepa que pudiese fácilmente –o "eficientemente", por utilizar la terminología clínica de Fishman-, pasar de persona a persona. "Para que estuviésemos ante la presencia de una pandemia tendría que ser posible el contagio entre personas, y eso aún no ha ocurrido", afirma Fishman.

Los científicos no se ponen de acuerdo sobre la probabilidad de pandemia. "Alguna gente mira los datos y dice Este virus lleva existiendo desde 1997 y aún no hemos sufrido ninguna pandemia, así que no creo que vaya a ocurrir", dice Fishman, responsable del desarrollo de un plan de preparación frente a la gripe para Penn. "Otras personas miran esos mismos datos y dicen Estamos prácticamente a punto de sufrir una pandemia. Éste es un debate muy actual y realmente no sé cuál es la respuesta correcta".

Se han vivido tres pandemias de gripe a lo largo del siglo XX. La gripe española entre 1918 y 1919, que causó entre 20 y 50 millones de muertes en el mundo, de las cuales 500.000 ocurrían en Estados Unidos. La gripe asiática de 1957-58, que causaba dos millones de bajas a nivel mundial, 100.000 de ellas en Estados Unidos. Y la gripe de Hong Kong de 1968-69, que acababa con la vida de un millón de personas, 70.000 de ellas ciudadanos estadounidenses.

Los Comités de Planificación de la Gripe Aviar

La mera posibilidad de una pandemia, independientemente de lo probable que sea, ha provocado que las corporaciones y los expertos en gestión de riesgos mediten sobre cómo la gripe podría afectar a los negocios.

"Las empresas que se verán más afectadas serán aquellas que operen a nivel mundial, tengan cadenas de suministros globales y/o clientes internacionales", se puede leer en un informe publicado en enero de 2006 por Marsh, una consultora con sede en Nueva York. "Algunos gobiernos locales, estatales y nacionales ya están elaborando planes para reducir los desplazamientos, cerrar escuelas, poner en cuarentena a determinadas personas y comunidades o prohibir las concentraciones de gente". Dichas medidas se tomaron durante la epidemia de SARS, en especial en Asia, donde se manifestó con mayor intensidad la enfermedad.

El informe Marsh señala que muchos negocios, en especial grandes multinacionales, han creado incluso comités de planificación para la gripe aviar. Algunas están creando grupos que combinan planificación estratégica, procedimientos de seguimiento de operaciones, recursos humanos y servicios sanitarios para adoptar medidas "específicas al evento" en previsión de una pandemia. Otras, en particular aquellas en el sector alimenticio, están preparando campañas de marketing para despejar todo temor acerca del uso de sus productos y proteger así sus marcas en caso de pandemia.

A pesar del alto nivel de incertidumbre sobre el futuro de la gripe, Kunreuther afirma que las empresas no tienen otra opción más que planificar. "Somos todos miopes. Lo pasamos mal pensando acerca del futuro a largo plazo. Lo pasamos mal tomando decisiones hoy cuando los beneficios se obtienen dentro de cierto número de años. Esto significa que todos nosotros, tanto individuos como organizaciones, debemos recapacitar sobre lo que yo denomino filosofía NIMTOFF (Not-in-My-Term-of-Office). Este comportamiento dificulta que las organizaciones planifiquen a largo plazo".

Sin embargo, Kunreuther añade que la planificación para una pandemia debería simplemente ser uno de los componentes del enfoque general de la empresa ante la gestión de riesgos. "La cuestión que a mí me preocupa no es cómo las empresas pueden preparase para la gripe aviar ellas solas, sino cómo pueden tomar medidas que podrían tener otros beneficios en la planificación de otros muchos riesgos", explica. "Deberíamos centrarnos en planificar para que en caso de pandemia de gripe aviar podamos ayudar a nuestra organización en diferentes niveles. Éste es el modo en que también se debería planificar en caso de terrorismo o desastres naturales".

Gary Lynch, líder nacional de gestión empresarial en la unidad de asesoría de riesgos de Marsh se muestra de acuerdo con el punto de vista de Kunreuther. La cifra de preguntas en relación con la planificación en caso de gripe realizadas por posibles clientes y los debates con clientes actuales de Marsh han sido enormes el mes pasado, explica Lynch señalando que las empresas pueden reaccionar ante la posibilidad de pandemia de dos modos. Algunas empresas dedican algún tiempo y dinero a tareas de planificación, pero en el fondo creen que el temor a la pandemia es excesivo y que el virus no se convertirá en otro Y2K, un fenómeno mucho más exagerado que costó a las empresas miles de millones en planificación, pero que al final se quedó en nada.

Otras empresas adoptan un enfoque mucho más meditado e integral. "Se dicen a sí mismas, Queremos atajar eso y tenemos que afrontar eso aprovechando todo lo que hacemos en caso de otro tipo de desastres".

Estas empresas analizan "los diferentes escenarios de amenazas", añade Lynch. "Intentan no centrarse exclusivamente en las amenazas individuales. Independientemente de cuál sea la amenaza, el resultado va a afectar a cuatro elementos: la gente, la tecnología y el procesamiento, el entorno físico y las relaciones entre ellos. Así, si pueden comprender dos elementos –qué es lo que ofrece la mitigación del riesgo y la estrategia de transferencia y hasta qué punto les protegerán y cómo pueden modelizar otras amenazas-, podrán aproximarse al tipo de ajustes que tienen que hacer en su filosofía de gestión de riesgos".

Y aquí tenemos un ejemplo del tipo de forma de pensar que Kunreuther y Lynch defienden. Kobrin recuerda cómo un ejecutivo de una empresa de servicios financieros decía a los participantes en el Foro Económico Mundial que su empresa había desarrollado un software especial que, en caso de pandemia, permitirá a sus socios ejecutar transacciones seguras desde sus casas. Lynch afirma que éste es un paso en la buena dirección, pero no es suficiente. No tiene en cuenta qué harán esos comerciantes si la infraestructura de energía y tecnología –las líneas telefónicas, Internet, el suministro eléctrico para sus hogares-, experimentasen cortes importantes durante la pandemia porque los empleados de estas empresas de infraestructuras también decidiesen quedarse en casa.

"Las empresas que piensan en los diferentes escenarios de potenciales desastres van a estar mejor preparadas en caso de pandemia porque han meditado sobre qué hacer con antelación", señala Mittelstaedt, que es miembro del consejo de administración de diversas empresas. "No obstante es muy difícil que la gente se detenga a pensar en ello". Todos los consejos llevan a cabo evaluaciones anuales de riesgo para mantener contentos a sus auditores, pero dichos riesgos son relativamente rutinarios, como por ejemplo que pasaría si la empresa no fuese capaz de mantenerse al día con la tecnología. "Es poco habitual que en la evaluación de riesgos se valoren acontecimientos que son poco probables pero tendrían un alto impacto".

Cuatro escenarios pandémicos diferentes

En opinión del profesor de Sistemas Sanitarios de Wharton, Mark V. Pauly, si se desarrolla una vacuna para prevenir que la gente contraiga la cepa H5N1, surgirán varias cuestiones espinosas a nivel mundial.

"Es muy probable que si existe vacuna, no te proteja completamente ante el riesgo de contraer el virus. Así que una cuestión es ¿No sería mejor que las organizaciones se preparasen y almacenasen vacunas con antelación en lugar de intentar organizar las provisiones de vacunas en caso de que efectivamente se desarrolle la pandemia? La otra cuestión es ¿A quién debería vacunarse? Es evidente que el personal sanitario o los que trabajan en temas de rescate son prioritarios. Pero entre el público en general, uno no puede dejar de preguntarse qué pasaría. Para evitar situaciones de lucha por las vacunas, es importante ejecutar un plan".

¿Cuál sería hoy en día el impacto de un brote importante? Fishman cita un estudio de 1999 que predecía que si la cepa actual de la gripe se transformase en una pandemia, entre 43 y 100 millones de personas contraerían la enfermedad sólo en Estados Unidos, el 15-35% de su población. Se necesitaría asistencia sanitaria externa para atender a 18-42 millones de estadounidenses. Entre 314.000 y 733.000 personas estarían hospitalizadas y fallecerían entre 89.000-207.000 sólo en Estados Unidos. Se estima que la carga económica en gastos sanitarios alcanzaría entre 71.000 y 166.000 millones de dólares.

Respecto a los efectos sobre los negocios, un estudio publicado en febrero de 2006 por Lowy Institute for International Policy, con sede en Sydney, Australia, describe el amplio ámbito y el poder destructivo de una pandemia. El estudio sostiene que una pandemia "posiblemente provocaría una caída en la fuerza laboral en diferentes grados en diferentes países debido al aumento de la mortalidad y enfermedad; un aumento en el coste de hacer negocios; un cambio en las preferencias de los consumidores, alejándose de los sectores expuestos; y una reevaluación del riesgo-país a medida que los inversores observan las respuestas de los gobiernos".

El estudio Lowy, titulado Global Macroeconomic Consequences of Pandemic Influenza (Consecuencias macroeconómicas globales de una pandemia de gripe), evalúa cuatro escenarios basados en el grado de severidad de la pandemia. El estudio desvelaba que incluso una "pandemia suave" (similar en escala a la gripe de 1968) recaudaría 1,4 millones de vidas en todo el mundo y pérdidas económicas globales de alrededor del 0,8% del PIB, esto es, 330.000 millones de dólares. Una pandemia "ultra", que los investigadores definen como peor en alcance que la catástrofe de 1919, provocaría 142 millones de muertes en todo el mundo y pérdidas económicas del orden de 4,4 billones de dólares (12% del PIB). Bajo este escenario "ultra", algunas economías del mundo en desarrollo podría reducirse en más del 50%. (El informe Lowy también estudió el impacto potencial de una pandemia "moderada" como la gripe asiática de 1958 y un escenario "severo" como la gripe de 1918).

John E. Calfee, académico del American Enterprise Institute en Washington, D.C. y especialista en medicamentos y políticas sanitarias, afirma ser "precavidamente optimista" ya que no cree que vayamos a tener una pandemia. Uno de los motivos que justifican su postura es que la gripe aviar lleva con nosotros desde hace ahora cerca de una década y todavía no ha mutado hasta el punto en que pueda ser transmitida de persona a persona a gran escala. Calfee también cita las circunstancias especiales del enorme brote de gripe aviar previo (1918-1919) como motivo de esperanza.

El brote de 1918 fue tremendamente virulento, pero las condiciones en las que expandió fueron muy poco habituales. La transmisión de la enfermedad se aceleró en las trincheras de la Primera Guerra Mundial y en hospitales e instalaciones militares en las que los soldados vivían no precisamente en condiciones ideales. Esto significa, afirma Calfee, que el virus de 1918 ha disfrutado de condiciones mucho más benévolas para mutarse en humanos.

Hoy en día es completamente posible que, si el virus aviar pasa a los humanos, el proceso de mutación haga que el virus sea más transmisible pero menos peligroso. El motivo es el siguiente: un virus normalmente se transmite a partir de personas que están infectadas pero no muy enfermas; después de todo, esas personas tienen que moverse e interactuar con otras para poder infectar a otras. "Pero si apilas a la gente en los hospitales o en bases militares, la gente que está muy enferma también puede transmitir a otras la enfermedad", dice Calfee. "Estás esparciendo un virus que es letal". Además "mucha gente que murió en 1918 en verdad la causa del fallecimiento fueron infecciones secundarias como neumonía, para la cual hoy en día existe tratamiento".

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