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Programa Knock out a las drogas: El boxeo como una herramienta de prevención

      
El consumo de drogas genera miedos y procesos de estigmatización especialmente por la existencia de consumidores de drogas ilegales a quienes se les ofrecen escasas alternativas a su situación de exclusión del sistema social y al acceso a la asistencia en salud. Ante esta dificultad el primer paso es llegar a esta población y ofrecerles una propuesta interesante que los motive a alejarse de este ambiente. Fácil es decirlo, lo difícil es cómo…

El programa "Knock out a las drogas", funciona desde marzo de este año en la órbita de la Presidencia de la República. Es un proyecto que pretende disciplinar, orientar, instruir y sobre todo ocupar el tiempo libre de los más jóvenes. El Presidente de la República es un confeso amante del boxeo, y fue de él que partió la idea del implementar la práctica del boxeo como herramienta deportiva para combatir el consumo de drogas. Según Hugo Casada, asesor en deportes de la Presidencia de la República y encargado del programa, "el presidente me llamó y me dijo que quería impulsar academias de boxeo en todo el país, porque entendía que el boxeo podía ser un deporte que sacara a los chicos de la calle; que era el único deporte que podía atraer a los más pequeños que estaban en el vicio, la droga y la ratería".

Si bien desde distintos ámbitos se ve la propuesta como muy loable, también se cargan las tintas frente a un proyecto que para reducir el consumo de drogas "impulsa la violencia". Dentro del programa trabaja Virginia Osorio, estudiante de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, quien antes de ingresar al proyecto se planteó la misma interrogante "al principio me generó ciertos prejuicios, solo que después estando ahí y conociendo a los chiquilines, conversando con ellos, vi que en esos barrios, los chiquilines no se han acercado a ningún tipo de deporte, pero sí se acercan al boxeo. Además, hay que tener en cuenta que a veces las inquietudes deportivas de determinados lugares no son las mismas que uno tiene, y hay que estar atento a eso".

El programa, que se encuentra en su etapa inicial, consta de diferentes etapas: la primera es técnica-deportiva (la instalación de academias de boxeo), y se les exige a los jóvenes efectuarse exámenes médicos periódicos, como contrapartida a lo que el programa les brinda. El segundo paso es el suministro por parte del Instituto Nacional de Alimentación de una merienda a cada uno de los participantes, y, por último, se les efectúa un control de asistencia a la enseñanza formal en conjunto con el Consejo de Enseñanza Primaria y Secundaria.

El proyecto implementa la instalación de Academias de Boxeo. Hasta el momento se han instalado cinco: dos en Montevideo (Club Paso de la Arena y Barros Blancos) y tres en el interior (Mercedes, Bella Unión y Playa Pascual). En cada una de las academias hay entrenadores –en su mayoría ex-boxeadores-, quienes realizaron un pequeño curso en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ), y son los encargados de realizar el entrenamiento. "No le enseñás a pegar, les estás enseñando a manejar la violencia, que no es lo mismo, no estás enseñando a ser violento o a cómo golpear mejor. No es que en el ring se enseñe una técnica para que cuando mañana vayas por la calle y te veas con uno le pegues una piña. Sino que dentro del ring está contenida esa violencia, y los chiquilines aprenden a que no le pueden pegar a una persona más pequeña, o aquel que está en menores condiciones o es más débil. Son muchas cosas las que se aprenden aunque no parezca", señala Virginia, integrante del programa.

Si bien se trabaja en coordinación con la Junta Nacional de Drogas, el principal objetivo del programa es prevenir el consumo de drogas, por lo que no existe ningún tipo de atención concreta. Cuando se presenta un caso de atención particular, se realizan las gestiones ante las instituciones correspondientes. Se apunta a que el entrenamiento y las exigencias físicas del boxeo hagan que el consumo de drogas se vuelva incompatible con la práctica misma del deporte.

Esta propuesta si bien es nueva en nuestro país, no lo es en el mundo. "Después de que empezamos con esto nos enteramos que este programa se aplica en EE.UU., Venezuela y otros países. El otro día nos hicieron una entrevista en una radio y al terminar el informe le realizaron una entrevista a un señor de Brasil, de una organización social, que trabaja en las favelas de Río de Janeiro, el cual contaba que después de varias iniciativas concluyeron que el boxeo era el único deporte que atraía a los chicos que estaban armados y distribuyendo drogas en las favelas, y además los incentivaba a insertarse en la sociedad", remarca Casada.

Si bien el proyecto se basa en la práctica del boxeo, también busca generar "válvulas de escape". La idea del programa es seguir trabajando con estudiantes de otras facultades, específicamente de la Facultad de Psicología y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, e ir abarcando el entorno de los propios chicos; viendo las necesidades en las zonas o en el barrio, qué cosas se pueden potenciar para mejorar su situación. El perfil de los jóvenes que participan es muy heterogéneo, llegan a las academias mujeres y hombres de nivel socioeconómico medio bajo y algunos en situaciones más complejas, que son aquellos que reciben el apoyo alimenticio. Para Virginia, "lo que hace el sociólogo es estudiar las relaciones sociales, y los distintos vínculos que se encuentran alrededor del programa, vínculos institucionales, vínculos con el barrio, con los distintos grupos etáreos de los chiquilines, las distintas situaciones sociales, contacto con las propias instituciones públicas y entre los propios clubes. De alguna manera lo que hace el sociólogo es mirar el entorno, ver qué cosas favorecen a que la política siga adelante y cuáles son las cosas que dificultan, para poder destrabarlas".

El programa se encuentra recién en la pista de despegue, los pasos siguientes para el coordinador del proyecto son muchos, al igual que las dificultades. El principal problema para Hugo Casada es la capacitación de los técnicos, los cuales son ex-boxeadores con mucha voluntad, pero con pocos conocimientos pedagógicos y psicológicos. Para ello se está armando junto con el Instituto de la ACJ un pequeño curso que comenzará dentro de poco tiempo, "además el ISEF va a incorporar una carrera de entrenador de boxeo que no existía, pero la contra es que el ISEF exige haber terminado 6to de bachillerato y la mayoría de las personas que pueden acceder a ello no tienen ni escuela. También queremos traer técnicos del exterior, hemos tenido una buena respuesta de Venezuela, que posiblemente nos envíe un técnico. Además, estamos hablando con Cuba y EE.UU.", agrega Casada.

Quizás lo más importante de la nueva propuesta sea la exploración de una práctica distinta de prevención."Una vez escuchando a uno de los técnicos él decía que el boxeo viene del hambre. El boxeo tiene toda una filosofía y uno tiene que empezar a conversar para ver cuál es el mejor camino para poder ayudar y colaborar, y no imponer una visión propia de las cosas. Porque en ningún lugar está escrito una receta para solucionar este tipo de problemas", concluye Virginia.



Drogas incautadas 2000-2004























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