text.compare.title

text.compare.empty.header

Noticias

Una merienda rica y nutritiva: galletitas de boniato

      
En un local de comidas instalado en Ciudad Vieja, dos chicas acondicionaron un pequeño rincón. La esquina destaca por sus colores y diseños. Las jóvenes emprendedoras son Carola Antuña (30) y Ana Borde (31), diseñadoras industriales egresadas del Centro de Diseño Industrial, las cuales han decidido establecer su primer espacio propio, dentro de un local de comida rápida. El rubro gastronómico comenzó hace unos años cuando su tesis final –realizada en forma conjunta- trató sobre la alimentación.

Snacks, alfajores, chupetines, helados…parecen ser las meriendas preferidas por los niños a la hora de ir a la escuela. El abuso en el consumo de alimentos abundantes en calorías ha hecho que en los más pequeños la obesidad se haya vuelto una enfermedad cada vez más frecuente. Esta problemática encendió una luz de alarma en los centros educativos, los cuales han comenzado a preocuparse por el tema. Cada vez se ven más escuelas que controlan la comida de sus alumnos elaborando comidas caseras.

En setiembre de 2004 Carola Antuña y Ana Borde entregaron su tesis final que basó su investigación en los productos de la huerta orgánica. Según cuenta Ana Borde, la elección del tema se debió a una marcada predilección por parte de ambas hacia el público infantil: "lo que hicimos nosotras fue conjugar el trabajo con los niños (ya que las dos teníamos determinada tendencia a hacer productos dirigidos hacia los más pequeños y además coincidía que las dos habíamos sido madres recientemente) con el tema de diseño de alimentos, que había sido el motivo de la práctica profesional que se hace en el último año de la carrera".

El diseño como herramienta social

Luego de la práctica profesional del último año de la carrera de Diseño Industrial, los estudiantes deben elegir el tema de su tesis, la cual pueden realizar junto con otra persona o en forma individual. "Lo que más corrige tu tutor es tu metodología de trabajo. No tanto los resultados. Lo más importante es demostrar que el diseño industrial se puede aplicar en cualquier área", señala Carola Antuña.

Para Ana lo más importante con el trabajo era intentar sacarle al diseño el mito de carrera frívola y suntuosa, y que se valorizara al diseño como una herramienta social que se puede aplicar a ámbitos fuera de lo meramente industrial. Para ello las diseñadores se comunicaron con la Fundación Logros, la cual cuenta con un Programa de Huertas que se desarrolla en distintas escuelas del país. "Primero hicimos una investigación sobre el programa de la huerta orgánica en las escuelas rurales (es un programa bastante extenso y que tiene metas de llegar a Argentina y Brasil). Nos interiorizamos en el proyecto, queríamos conocer cuáles eran sus metas y objetivos, y dentro de eso cómo podíamos involucrarnos nosotros", subraya Ana.

Luego de interiorizarse en el tema, evaluaron distintas escuelas en diversas zonas de país en las cuales podían llevar a cabo su investigación. No todas contaban con el contexto social adecuado que les permitiera trabajar. Con la ayuda del coordinador del proyecto, llegaron a la conclusión de hacerlo en una Escuela de Nueva Helvecia, que según las diseñadoras, era un núcleo social bastante integrado culturalmente, y además, eran personas ávidas a que la gente fuera y compartiera propuestas nuevas de trabajo.

En las escuelas rurales los invernaderos se toman como un aula más. Allí aprenden matemáticas, idioma español, biología… el programa escolar se encuentra totalmente integrado al trabajo en la huerta. Para la investigación debieron ir asiduamente y trabajar con las maestras y alumnos. Plantearon encuestas que les permitieran conocer qué sabían los alumnos sobre el consumo de verduras, qué comían, qué les gustaba y qué no. Según afirma Carola "nos dimos cuenta que obtenían mejores resultados que estando en el salón. Participaban los niños, los padres, los vecinos. Y de ahí producían alimentos para comer en el comedor de la escuela. Pero al mismo tiempo también percibimos que siempre producían lo mismo: la pascualina, el tomate, dulces de todo tipo… Además, si bien estaban en un medio rural, no todos los niños consumían verduras y frutas".

Materia prima: el boniato

Las diseñadoras concurrieron durante meses al merendero con el fin de observar los distintos hábitos de los niños a la hora del almuerzo y la merienda. De la observación surgió que en el almuerzo el consumo de verduras ya estaba completo, en cambio en la merienda era necesario contar con más verduras, ya que, básicamente, se alimentaban a base de tortas y galletitas.

En pleno proceso de investigación, Carola estaba estudiando cocina y, según especifica, fue en gran medida la cheff del proyecto, "durante el proceso hicimos distintas pruebas, vimos las distintas verduras que teníamos en la huerta, remolacha, boniato…, las distintas recetas que teníamos y cómo lo podíamos implementar". Al mismo tiempo que experimentaban se fueron asesorando con distintos profesionales en el tema: nutricionistas y químicos. Primordiales a la hora de elaborar un producto alimenticio. Este proceso finalizó en la elección del boniato como materia prima. "Elegimos el boniato porque tenía varias ventajas: fácil de producir, bajo costo, y se sembraba en diciembre y se cosechaba en marzo, cuando los niños empezaban la escuela. Entonces era una manera más interesante de empezar: no limpiando y preparando todo para la cosecha, sino recibiendo los frutos. Además, una nutricionista nos había dicho que el boniato tenía mucha vitamina A y era importante para el crecimiento, justo para nuestro público.", agrega Carola

El paso siguiente a la elección fue la elaboración de la masa y su testeo. Para ambas, seguramente, fue la parte más divertida: darle a probar a amigos, maridos, padres y madres, sin decirles de qué era la masa. La idea era que no tuviera el gusto de la verdura. Las combinaciones fueron aumentando, lo que empezó con la masa de boniato, continuó con la de remolacha, espinaca y zanahoria. Con las masas de estas verduras empezaron a probar distintas texturas, formas, colores, cantidades… Según señala Ana el diseño no fue azaroso, tenía que ver con su público, y además debía reflejar la identidad de la Fundación con su proyecto. La imagen de la tesis tenía que encerrar todos estos aspectos.

Las manos en la tierra

Entonces hubo que elegir cuál sería el diseño que englobaría la idea, y que en definitiva sería el símbolo del producto. Para Ana y Carola también fue complicado volver nuevamente a investigar; en este caso el objetivo era conocer la imagen que se tenía de la fundación desde afuera. De la investigación surgió la idea de los niños trabajando con las manos en la tierra y la imagen del estampado de las manos sucias con tierra. Después de realizar distintas pruebas, eligieron el diseño de una manito hecha con masa de boniato y con los dedos bañados en chocolate, es decir, las manos con la tierra. El paso siguiente fue mostrárselo a la Fundación. "Estaban encantados, no porque les gustase o no, sino que enseguida quedaron fascinados con que era su producto y se sintieron identificados. Lo más fascinante fue que no le tuvimos que explicar nada, enseguida entendieron la idea de las manos", resalta Ana.

Pero faltaba lo principal, ver cuál sería la reacción de su público: los niños. La idea fue probarlo en escuelas que pertenecieran a la Fundación y chicos que no estuvieran comprendidos en ese contexto. Para Ana la respuesta fue impresionante, "hicimos millones de manitos con chocolate, sin chocolate, manitos con chocolate en las palmas de las manos, sin la palma, con tantos dedos, sin tantos dedos. Veíamos cómo la consumían, si la agarraban del reverso, si comían dedo por dedo, o no. Muchos niños jugaban, hacían gestos con los deditos. La probamos en la escuela de Nueva Helvecia y en una escuela de Malvín. En las dos tuvimos las mismas respuestas". Luego la aplicación se trasladó a las distintas verduras, con masas más coloridas, elaborando barrita de colores, con forma de damero y espirales.

Finalmente formaron un pack con toda la familia de productos de la huerta orgánica, con la gráfica y la imagen. Como si el producto estuviera pronto para salir al mercado.

El proyecto fue entregado a la Fundación Logros (aunque no era requisito necesario). Y, si bien el proyecto no se implementó, ya que para esta organización la prioridad era seguir sumando escuelas y que cada una llegase a tener su propio invernadero, ambas afirman que la relación que se estableció con ésta fue muy buena. Tuvieron la idea de producirlo a nivel personal pero, por temas legales y de permiso no siguieron ese camino. De todos modos, con el aval de Bromatología, el pack fue presentado en el LATU en un espacio de la Mesa Criolla de la muestra Hecho Acá.

Hoy las dos trabajan en un nuevo proyecto que es Magenta, un pequeño espacio de diseño, en el cual dan a conocer sus productos: accesorios para la casa. Para Ana y Carola la idea de las galletitas de boniato fue un proyecto que buscó elaborar un producto a partir de los propios destinatarios, haciéndolos sentir partícipes. "Nosotros veíamos que el producir algo en serie en grandes cantidades no era la realidad en Uruguay. Quisimos hacer algo que fuera aplicable y aportar a alguien, es decir, devolver algo de nuestra carrera y no hacer una tesis que quede en la nada. Nosotras lo que podemos hacer hoy es asesorar desde nuestra experiencia, pero la idea es que el proyecto se desprenda de nosotras y que prenda solo en cada una de las escuelas", concluye Carola.

  • Fuente:

Tags:

Aviso de cookies: Usamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para análisis estadístico y para mostrarle publicidad. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.