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2006: Matemáticamente tenemos chance

      
Por segundo período consecutivo, el pueblo uruguayo pierde -antes de que pueda empezar a germinar- toda esperanza de otro Maracaná. En Copa Libertadores y Copa América, no se pasó de las fases iniciales. En este clima de sequía de triunfos surge el fenómeno Rocha, que cacheteó, por su sencilla espectacularidad, al fútbol que se venía exhibiendo. </br></br> Si bien el fútbol, afortunadamente, no es ni el único ni solo deporte, quizás sea un buen reflejo de lo que sucedió en casi todo el deporte nacional. </br></br> En rugby se está haciendo un gran esfuerzo por progresar para mantener y mejorar la decimosexta posición que ocupa Uruguay a nivel mundial. Sin embargo, hay realidades que son objetivamente inobjetables: Testmatch Sudáfrica vs Uruguay; victoria avasallante de Sudáfrica 134 a 3 (¡ciento treinta y cuatro a tres!). Derrota alarmante de Uruguay; no solo del equipo uruguayo, sino de Uruguay. Porque este hecho evidenció que un seleccionado de entre 65.000 federados profesionales no puede competir en condiciones de igualdad con un equipo seleccionado entre 700 jugadores federados amateurs. </br></br> Básquetbol no fue la excepción: el seleccionado uruguayo no se clasificó para el mundial. </br></br> Por traer un último ejemplo ilustrativo, en el año que acaba de finalizar, Uruguay fue representado en un mundial, es la tercera vez que el seleccionado celeste de handbol juega en un campeonato mundial. Obtuvo un magro vigésimo cuarto lugar, es decir, salió penúltimo. </br></br> Estos hechos alertan sobre la necesidad de la profesionalización de los jugadores y del apoyo económico al deporte (y a todos los deportes). Estos hechos reclaman un cambio de mentalidad (¿hacia dónde queremos ir?). Pero sería superficial reclamar soluciones externas –e irrealizables en el corto plazo-, e ignorar la urgencia por mejorar las actitudes que no hacen al sistema, sino a cada partido. Un análisis autocrítico exige no seguir refugiándose en el matemáticamente tenemos chance, aunque, haciendo los cálculos necesarios, para el 2006, el deporte uruguayo, matemáticamente tiene chances de mejorar. </br></br> El deporte universitario es, a pesar de todo y con mucho esfuerzo, una excepción. </br></br> Durante 2005 se desarrolló el Foro Nacional de Deportes (organizado por la Liga Universitaria) y el Congreso Nacional de Deporte (organizado por el Ministerio de Turismo y Deporte) en el que se procuraron detectar las principales inquietudes y sugerencias para hacer del deporte una política de Estado (para reforzar la vinculación natural –y naturalmente perdida- entre la educación y el deporte). </br></br> Este año el seleccionado universitario uruguayo participó en las Universiadas en Turquía. Semanalmente, casi 6.000 jugadores son convocados a las canchas (de fútbol, handbol, hockey, volleybol, entre otras) por la Liga Universitaria y el Comité Organizador del Deporte Universitario (CODU). Entre semana -después de clase- o los fines de semana, los deportistas acuden a una instancia que implica tanto deporte como encuentro social, y tanta exigencia como recreación. </br></br> Estos hechos permiten vislumbrar un futuro diferente. Aún cuando el deporte universitario también busca y necesita recursos económicos; aún cuando la falta de profesionalización de los jugadores hace que la masa muscular ceda ante la materia grasa por falta de entrenamiento; aún cuando, partido a partido, también se calculan los puntos ganados o empatados; en el deporte universitario cada partido es, en cierto modo, un fin en sí mismo. Independiente del contexto y de otros intereses que no sean deportivos o sociales, el deporte universitario brinda un espacio de desarrollo a deportistas que, si no fuera de este modo, quizás quedarían excluidos de la competencia deportiva organizada. Y la camiseta se suda cada viernes, cada sábado, cada domingo como intentando demostrar que de este modo, sí, el deporte uruguayo, matemáticamente tiene chances.
Por segundo período consecutivo, el pueblo uruguayo pierde -antes de que pueda empezar a germinar- toda esperanza de otro Maracaná. En Copa Libertadores y Copa América, no se pasó de las fases iniciales. En este clima de sequía de triunfos surge el fenómeno Rocha, que cacheteó, por su sencilla espectacularidad, al fútbol que se venía exhibiendo.

Si bien el fútbol, afortunadamente, no es ni el único ni solo deporte, quizás sea un buen reflejo de lo que sucedió en casi todo el deporte nacional.

En rugby se está haciendo un gran esfuerzo por progresar para mantener y mejorar la decimosexta posición que ocupa Uruguay a nivel mundial. Sin embargo, hay realidades que son objetivamente inobjetables: Testmatch Sudáfrica vs Uruguay; victoria avasallante de Sudáfrica 134 a 3 (¡ciento treinta y cuatro a tres!). Derrota alarmante de Uruguay; no solo del equipo uruguayo, sino de "Uruguay". Porque este hecho evidenció que un seleccionado de entre 65.000 federados profesionales no puede competir en condiciones de igualdad con un equipo seleccionado entre 700 jugadores federados amateurs.

Básquetbol no fue la excepción: el seleccionado uruguayo no se clasificó para el mundial.

Por traer un último ejemplo ilustrativo, en el año que acaba de finalizar, Uruguay fue representado en un mundial, es la tercera vez que el seleccionado celeste de handbol juega en un campeonato mundial. Obtuvo un magro vigésimo cuarto lugar, es decir, salió penúltimo.

Estos hechos alertan sobre la necesidad de la profesionalización de los jugadores y del apoyo económico al deporte (y a todos los deportes). Estos hechos reclaman un cambio de mentalidad (¿hacia dónde queremos ir?). Pero sería superficial reclamar soluciones externas –e irrealizables en el corto plazo-, e ignorar la urgencia por mejorar las actitudes que no hacen al sistema, sino a cada partido. Un análisis autocrítico exige no seguir refugiándose en el "matemáticamente tenemos chance", aunque, haciendo los cálculos necesarios, para el 2006, el deporte uruguayo, matemáticamente tiene chances de mejorar.

El deporte universitario es, a pesar de todo y con mucho esfuerzo, una excepción.

Durante 2005 se desarrolló el Foro Nacional de Deportes (organizado por la Liga Universitaria) y el Congreso Nacional de Deporte (organizado por el Ministerio de Turismo y Deporte) en el que se procuraron detectar las principales inquietudes y sugerencias para hacer del deporte una política de Estado (para reforzar la vinculación natural –y naturalmente perdida- entre la educación y el deporte).

Este año el seleccionado universitario uruguayo participó en las "Universiadas" en Turquía. Semanalmente, casi 6.000 jugadores son convocados a las canchas (de fútbol, handbol, hockey, volleybol, entre otras) por la Liga Universitaria y el Comité Organizador del Deporte Universitario (CODU). Entre semana -después de clase- o los fines de semana, los deportistas acuden a una instancia que implica tanto deporte como encuentro social, y tanta exigencia como recreación.

Estos hechos permiten vislumbrar un futuro diferente. Aún cuando el deporte universitario también busca y necesita recursos económicos; aún cuando la falta de profesionalización de los jugadores hace que la masa muscular ceda ante la materia grasa por falta de entrenamiento; aún cuando, partido a partido, también se calculan los puntos ganados o empatados; en el deporte universitario cada partido es, en cierto modo, un fin en sí mismo. Independiente del contexto y de otros intereses que no sean deportivos o sociales, el deporte universitario brinda un espacio de desarrollo a deportistas que, si no fuera de este modo, quizás quedarían excluidos de la competencia deportiva organizada. Y la camiseta se suda cada viernes, cada sábado, cada domingo como intentando demostrar que de este modo, sí, el deporte uruguayo, matemáticamente tiene chances.
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