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Pintura con olor para ciegos

      
<div align=justify><strong>El aroma a coco para el blanco, el de frutilla para el rojo, el de eucaliptus para el verde, el de uva para el violeta y el de naranja para el anaranjado.</strong> Estos son algunos de los tonos –las pinturas son al agua- que ha puesto en práctica la ingeniera química Marcela Cozzo para llevar adelante este proyecto –ya patentado- que apunta a que los <a href=https://noticias.universia.edu.uy/vida-universitaria/noticia/2007/11/23/123327/gran-problema-pequenas-soluciones.html>ciegos puedan pintar con total soltura</a>. </div><div align=justify><br/> La textura también viene con relieves que facilitan reconocer al tacto elementos presentes en los cuadros. De todos modos, el espectador vidente no se percatará si se empleó una pintura creada para ciegos. Lo mismo con los olores. Estos desaparecerán poco después de pintada una tela, cartón o tabla. </div><div align=justify><br/> Cozzo ya había creado en 2002 las pinturas económicas, adecuadas a la crisis que entonces sufría el país. Pero, señala, no pueden definirse como inventos.<em> “No todo desarrollo de un producto tiene lo que se llama altura inventiva, como sí tiene la pintura sensorial, porque resulta algo transformador, que permite trabajar a un grupo importante de personas, excluidas de un área del arte”,</em> asegura. </div><div align=justify><br/> Cozzo es hoy además la responsable de todas las formulaciones de témperas no tóxicas para la expresión de los niños agrupadas en la marca Meycolor, la única que en Uruguay cuenta con la certificación de calidad <strong>ISO 9.000.</strong></div><div align=justify><br/> El esfuerzo de esta ingeniería química por acercar a los invidentes el arte viene precedido de otras intenciones y proyectos llevados adelante en todo el mundo. Tal es el caso de la estadounidense Bojana Coklyat, quien solo puede ver sombras y formas. Esta mujer, diabética y que perdió la vista hace cuatro años por no haber cuidado de su salud, <strong>lleva el arte a niños ciegos o deficientes visuales en Nueva Jersey, Estados Unidos. </strong></div><div align=justify><br/> Debió renunciar a su trabajo en una galería de arte y dejó de pintar. Pero hoy recibe a los visitantes en su salón de clases de la Escuela para Ciegos St Joseph. En un curso reciente, le enseñó arte a 11 ciegos: dos adolescentes y nueve alumnos del jardín de infancia. Algunos pueden identificar algunos colores. Los más grandes han interiorizado las nociones de azul, amarillo, rojo o blanco, pero no los ven. </div><div align=justify><br/> Cuando no está enseñando, Bojana pinta en su casa, con la nariz pegada a sus obras, grandes y de colores brillantes con personajes delineados con un contorno negro. Su discapacidad la obligó a modificar su pintura. </div><div align=justify><br/><em>“Antes yo estaba mucho más en los detalles. Hoy en día me centro más en los sentimientos. Lo que es extraordinario es que las personas me dicen que se conectan con lo que pinto”</em>, señala. </div><div align=justify><br/> La pintura ha sido su terapia. En noviembre se sometió a un doble transplante de riñón y páncreas. Ahora no tiene que darse más inyecciones de insulina, ni hacerse más diálisis. Y con su salud, regresaron los proyectos: prepara varias exposiciones y decidió retomar los estudios para convertirse en <strong>“terapeuta de arte”.</strong><br/></div>
El aroma a coco para el blanco, el de frutilla para el rojo, el de eucaliptus para el verde, el de uva para el violeta y el de naranja para el anaranjado. Estos son algunos de los tonos –las pinturas son al agua- que ha puesto en práctica la ingeniera química Marcela Cozzo para llevar adelante este proyecto –ya patentado- que apunta a que los ciegos puedan pintar con total soltura.

La textura también viene con relieves que facilitan reconocer al tacto elementos presentes en los cuadros. De todos modos, el espectador vidente no se percatará si se empleó una pintura creada para ciegos. Lo mismo con los olores. Estos desaparecerán poco después de pintada una tela, cartón o tabla.

Cozzo ya había creado en 2002 las pinturas económicas, adecuadas a la crisis que entonces sufría el país. Pero, señala, no pueden definirse como inventos. “No todo desarrollo de un producto tiene lo que se llama altura inventiva, como sí tiene la pintura sensorial, porque resulta algo transformador, que permite trabajar a un grupo importante de personas, excluidas de un área del arte”, asegura.

Cozzo es hoy además la responsable de todas las formulaciones de témperas no tóxicas para la expresión de los niños agrupadas en la marca Meycolor, la única que en Uruguay cuenta con la certificación de calidad ISO 9.000.

El esfuerzo de esta ingeniería química por acercar a los invidentes el arte viene precedido de otras intenciones y proyectos llevados adelante en todo el mundo. Tal es el caso de la estadounidense Bojana Coklyat, quien solo puede ver sombras y formas. Esta mujer, diabética y que perdió la vista hace cuatro años por no haber cuidado de su salud, lleva el arte a niños ciegos o deficientes visuales en Nueva Jersey, Estados Unidos.

Debió renunciar a su trabajo en una galería de arte y dejó de pintar. Pero hoy recibe a los visitantes en su salón de clases de la Escuela para Ciegos St Joseph. En un curso reciente, le enseñó arte a 11 ciegos: dos adolescentes y nueve alumnos del jardín de infancia. Algunos pueden identificar algunos colores. Los más grandes han interiorizado las nociones de azul, amarillo, rojo o blanco, pero no los ven.

Cuando no está enseñando, Bojana pinta en su casa, con la nariz pegada a sus obras, grandes y de colores brillantes con personajes delineados con un contorno negro. Su discapacidad la obligó a modificar su pintura.

“Antes yo estaba mucho más en los detalles. Hoy en día me centro más en los sentimientos. Lo que es extraordinario es que las personas me dicen que se conectan con lo que pinto”, señala.

La pintura ha sido su terapia. En noviembre se sometió a un doble transplante de riñón y páncreas. Ahora no tiene que darse más inyecciones de insulina, ni hacerse más diálisis. Y con su salud, regresaron los proyectos: prepara varias exposiciones y decidió retomar los estudios para convertirse en “terapeuta de arte”.

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