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Estados Unidos - Cuba: ¿Sobrevivirá el optimismo?

      
El optimismo entre la comunidad empresarial estadounidense se disparó cuando el Departamento del Tesoro eliminó las restricciones impuestas para viajar y enviar dinero parte de los cubano-americanos, así como la reanudación de la cooperación en temas como inmigración, tráfico de drogas o telecomunicaciones. Pero finalmente la administración Obama renovó el embargo otro año más, y parece poco probable que lo levante mientras Cuba no de pasos hacia una reforma político económica. <br/><br/> Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, sostiene que el Gobierno cubano está más interesado en sus relaciones con Venezuela, Irán, China y Rusia que en comerciar con Estados Unidos. Después de todo, esos países nunca han demandado a Cuba que reforme sus instituciones políticas o económicas. En cambio, han apoyado incondicionalmente la economía cubana proporcionándole petróleo y créditos accesibles. “Esperar que Cuba cambie su modo de hacer las cosas para poder comerciar con Estados Unidos es poco realista”, explica el analista.<br/><br/><strong>El turismo primero</strong><br/><br/> Varios operadores de hoteles, suministradores de servicios telefónicos, empresas de seguros de viajes y emisores de tarjetas de crédito estadounidenses han afirmado que la ley de libertad para viajar a Cuba podría convertirse en una pieza clave para el fin del embargo. Desde que el presidente Obama juró el cargo, el National Foreign Trade Council, con sede en Washington, ha discutido a cerca de las oportunidades empresariales con Cuba. Más de una veintena de aeropuertos han solicitado licencias para hacer vuelos charter a la isla.<br/><br/> Hay una cosa clara: dado su clima y proximidad a Florida, existe un mercado preparado para que los estadounidenses viajen a Cuba. Robert Whitely, presidente de los operadores de tours en Estados Unidos, predecía recientemente que al menos 850.000 americanos visitarían Cuba el primer año después del levantamiento de la prohibición. <br/><br/> Orbitz Worldwide, la agencia de viajes online, ha recibido más de 100.000 firmas en una campaña puesta en marcha el pasado mes de mayo en OpenCuba.org para que se levante la prohibición de viajar a Cuba; en el proceso, obviamente, sus ingresos se han disparado.<br/><br/> Algunos escépticos señalan que Cuba carece de las infraestructuras necesarias para hacer frente a un incremento de turistas estadounidenses; los principales hoteles ya están completos con los turistas europeos y canadienses y los pocos restaurantes que podrían proveer a los barcos de crucero ya están desbordados con viajeros de otros países. Asimismo sostienen que, a corto plazo, Sol Meliá se beneficiaría mucho más del fin de la prohibición que sus rivales estadounidenses, ya que Sol Meliá, la mayor cadena hotelera española, también es la mayor en Cuba, operando 24 hoteles del país.<br/><br/><strong>Cambios desde dentro</strong><br/><br/> Fuera del ámbito del turismo, los exportadores estadounidenses de bienes agrícolas también siguen presionando para poner fin al embargo. Un estudio reciente de la Oficina de Responsabilidades del Gobierno Estadounidense (GAO) afirmaba que si el embargo comercial se levantase, los exportadores estadounidenses de productos agrarios disfrutarían de un mercado potencial que valdría varias veces su precio actual.<br/><br/> Una medida para fomentar las relaciones ha sido la facilitación del flujo de exportaciones agrícolas estadounidenses a Cuba por parte del Congreso estadounidense, incluida en su año fiscal 2010. Colvin del NFTC decía en respuesta que este cambio “hará más fácil que los agricultores americanos y otros exportadores vendan sus productos en Cuba. Este es un pequeño paso, aunque importante, en la dirección adecuada, y es fantástico comprobar que las reformas en la política cubana siguen estando bajo el radar del Congreso”.<br/><br/> No obstante, Suchlicki no espera cambios significativos en la política estadounidense a corto plazo. El mejor escenario posible en su opinión sería un cambio político gradual desde dentro de la propia Cuba. “Podría seguir la ruta de la Unión Soviética. No sucederá del día a la noche. Se necesitarán varios años pero el mejor modo de que Cuba cambie es que cambie desde dentro”. <br/><br/> Las recientes encuestas muestran que ya no todos los cubano-americanos están a favor del embargo. En una encuesta de 1992, el 82% de los exiliados cubanos manifestaban que el embargo debía seguir en pie. No obstante, el pasado mes de agosto sólo el 40% estaba a favor de mantenerlo. Muchos cubano-americanos nacidos en Norteamérica no creen en una política que tiene 50 años y que fue diseñada para una generación totalmente diferente.<br/><br/>
El optimismo entre la comunidad empresarial estadounidense se disparó cuando el Departamento del Tesoro eliminó las restricciones impuestas para viajar y enviar dinero parte de los cubano-americanos, así como la reanudación de la cooperación en temas como inmigración, tráfico de drogas o telecomunicaciones. Pero finalmente la administración Obama renovó el embargo otro año más, y parece poco probable que lo levante mientras Cuba no de pasos hacia una reforma político económica.

Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, sostiene que el Gobierno cubano está más interesado en sus relaciones con Venezuela, Irán, China y Rusia que en comerciar con Estados Unidos. Después de todo, esos países nunca han demandado a Cuba que reforme sus instituciones políticas o económicas. En cambio, han apoyado incondicionalmente la economía cubana proporcionándole petróleo y créditos accesibles. “Esperar que Cuba cambie su modo de hacer las cosas para poder comerciar con Estados Unidos es poco realista”, explica el analista.

El turismo primero

Varios operadores de hoteles, suministradores de servicios telefónicos, empresas de seguros de viajes y emisores de tarjetas de crédito estadounidenses han afirmado que la ley de libertad para viajar a Cuba podría convertirse en una pieza clave para el fin del embargo. Desde que el presidente Obama juró el cargo, el National Foreign Trade Council, con sede en Washington, ha discutido a cerca de las oportunidades empresariales con Cuba. Más de una veintena de aeropuertos han solicitado licencias para hacer vuelos charter a la isla.

Hay una cosa clara: dado su clima y proximidad a Florida, existe un mercado preparado para que los estadounidenses viajen a Cuba. Robert Whitely, presidente de los operadores de tours en Estados Unidos, predecía recientemente que al menos 850.000 americanos visitarían Cuba el primer año después del levantamiento de la prohibición.

Orbitz Worldwide, la agencia de viajes online, ha recibido más de 100.000 firmas en una campaña puesta en marcha el pasado mes de mayo en OpenCuba.org para que se levante la prohibición de viajar a Cuba; en el proceso, obviamente, sus ingresos se han disparado.

Algunos escépticos señalan que Cuba carece de las infraestructuras necesarias para hacer frente a un incremento de turistas estadounidenses; los principales hoteles ya están completos con los turistas europeos y canadienses y los pocos restaurantes que podrían proveer a los barcos de crucero ya están desbordados con viajeros de otros países. Asimismo sostienen que, a corto plazo, Sol Meliá se beneficiaría mucho más del fin de la prohibición que sus rivales estadounidenses, ya que Sol Meliá, la mayor cadena hotelera española, también es la mayor en Cuba, operando 24 hoteles del país.

Cambios desde dentro

Fuera del ámbito del turismo, los exportadores estadounidenses de bienes agrícolas también siguen presionando para poner fin al embargo. Un estudio reciente de la Oficina de Responsabilidades del Gobierno Estadounidense (GAO) afirmaba que si el embargo comercial se levantase, los exportadores estadounidenses de productos agrarios disfrutarían de un mercado potencial que valdría varias veces su precio actual.

Una medida para fomentar las relaciones ha sido la facilitación del flujo de exportaciones agrícolas estadounidenses a Cuba por parte del Congreso estadounidense, incluida en su año fiscal 2010. Colvin del NFTC decía en respuesta que este cambio “hará más fácil que los agricultores americanos y otros exportadores vendan sus productos en Cuba. Este es un pequeño paso, aunque importante, en la dirección adecuada, y es fantástico comprobar que las reformas en la política cubana siguen estando bajo el radar del Congreso”.

No obstante, Suchlicki no espera cambios significativos en la política estadounidense a corto plazo. El mejor escenario posible en su opinión sería un cambio político gradual desde dentro de la propia Cuba. “Podría seguir la ruta de la Unión Soviética. No sucederá del día a la noche. Se necesitarán varios años pero el mejor modo de que Cuba cambie es que cambie desde dentro”.

Las recientes encuestas muestran que ya no todos los cubano-americanos están a favor del embargo. En una encuesta de 1992, el 82% de los exiliados cubanos manifestaban que el embargo debía seguir en pie. No obstante, el pasado mes de agosto sólo el 40% estaba a favor de mantenerlo. Muchos cubano-americanos nacidos en Norteamérica no creen en una política que tiene 50 años y que fue diseñada para una generación totalmente diferente.


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