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La vida copiada

      
Los famosos “trencitos” o “machetes” han formado parte del folcklore de la vida estudiantil de casi todas las generaciones. Y aunque pocos se animen a confesar que los han utilizado, porque saben que no está bien visto, tampoco nadie pondría el grito en el cielo si se descubre esta actitud desleal en un estudiante de enseñanza secundaria.

Con el avance de la tecnología, esos “mecanismos” fueron quedando en el baúl de los recuerdos. Comenzaron a ser sustituidos fundamentalmente por los accesibles celulares, que están en manos de todos los adolescentes y quienes, quizás, no valoran aún en esa etapa de la vida la importancia que esa materia que piensan “rifarse” tiene en la formación de su conocimiento global.

Lo que sí llama la atención es que ese escenario pueda llegar a darse en estudiantes universitarios. Un alumno que eligió una carrera que le gusta y que, además, tendría que tener un grado de madurez intelectual que le permita comprender que ese conocimiento es parte de su formación como profesional.

Copiar, fraguar una prueba, es reprobable en cualquier estudiante y más universitario. Pero es más difícil de comprender, de asimilar, en aquel que está adquiriendo conocimientos fundamentales para la vida humana, como lo son los médicos. Estos deberían aplicar y perfeccionar continuamente sus conocimientos en pos de curar o salvar vidas.

Ante hechos como estos, de copias en pruebas o exámenes, la Universidad de la República tiene pautas a seguir, que comienzan con una investigación administrativa.

El rector de la UdelaR, Rodrigo Arocena, dijo a Universia que para cualquier situación que pueda configurar una irregularidad, se inicia una investigación administrativa ajustada a derecho y luego, si se comprueba la existencia de conductas reñidas con la ética o el reglamento, se decreta un sumario y las sanciones que correspondan.

“Hay que ver cuál es la responsabilidad en el caso, es muy evidente que hay situaciones muy distintas. Una cosa es mirar al compañero que está sentado al lado y otra, por ejemplo, pagarle a otra persona”.

Arocena subrayó que “son tan pocos los casos que se han detectado de alumnos copiando en exámenes que ni siquiera se ha configurado estadísticas” y agregó“ojalá no tengamos que hacerlo”.

Al descubierto


El hecho quedó al descubierto hace unas semanas. Los medios de comunicación hicieron público que la Justicia estaba reclamando a ANTEL información de los celulares de unos 135 estudiantes de la Facultad de Medicina que “supuestamente” copiaron en un examen.

La sospecha de copia es sobre un examen de biología tisular, rendido en 2006. Según los medios, los docentes de la cátedra involucrada creen que alumnos que ya habían pasado a la prueba práctica enviaron mensajes de texto con las respuestas a los que rendían en ese momento.

El Consejo de la Facultad decidió anular las pruebas e iniciar una investigación administrativa.

Más allá de las respuestas esgrimidas por el ente estatal de comunicaciones, que se resiste a dar la información a la Universidad de la República para defender la privacidad de sus clientes, la situación derivó en la opinión pública en lo reprobable que es ese hecho en un futuro profesional de la medicina.

Universia realizó un sondeo en los pasillos de la Facultad de Medicina entre estudiantes de diversos años para conocer cómo recibieron la noticia del supuesto “plagio” colectivo y recoger su opinión sobre el tema.

Todos coincidieron en que es éticamente reprobable copiar en cualquier instancia de evaluación de la Facultad y, por encima de todo, entienden que más allá de los controles que la institución pueda instrumentar para evitar esa situación, está en los fueros íntimos saber que no está bien copiar.

“Hay un tema de responsabilidad personal que tiene que ser ineludible. Uno se está formando como un profesional, y en un futuro habrá vidas que dependerán de lo que uno aprenda”. Esta frase resume el espíritu de todas las opiniones recabadas.

Otras opiniones, que aunque minoritarias tienen trascendencia, consideraron muy poco probable que el hecho se hubiera concretado en la realidad. Señalaron que es prácticamente imposible que se hubiese realizado una cadena de más de 100 mensajes de texto, sin saber si realmente la respuesta era la correcta.

A pesar de los matices de opiniones, todos los estudiantes con los que hablamos recalcaron que “es una situación delicada” y reconocen que  más allá de los controles que la casa de estudios pueda establecer para evitar plagios en las pruebas, es un tema de “conciencia” y “de no engañarse uno mismo”


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