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Una nube de harina en medio del Mercado del Puerto. Abrazos, gritos, lágrimas y risas evidencian la alegría reinante. El resultado de ocho años de intenso estudio concentrado en un solo día. Los que ayer eran y hoy ya no son estudiantes de la Facultad de Medicina (UdelaR) se concentran en un rincón de la Ciudad Vieja montevideana para festejar un clásico de los 31 de julio: el recibimiento de una nueva generación de médicos

Son las doce del mediodía y comienzan a llegar los primeros uniformados. Chaquetas, pantalones y túnicas blancas se mezclan con los oficinistas habitués del mercado. Abrazos y risas entre compañeros, se suman a los brindis y a las fotos que retratan un momento clave de sus vidas.

Una familia entera saluda a su hijo. Un nido de abrazos y manos lo envuelven al nuevo médico. La emoción que invade sus caras y las lágrimas lo dicen todo: una larga carrera terminó felizmente.

El clima se corta con un estruendo. Una caña voladora marca el comienzo de la "guerilla" de huevos, harina, yerba, polenta, agua, cerveza, medio y medio y "aindamais". Noveles médicos corren de un lado al otro de la explanada exterior del mercado, con el único propósito de ensuciar a sus compañeros.


Al parecer, otra de las clásicas prácticas de bautismo es cortarse el pelo. Varios varones se cortan unos a otros las cabelleras empapadas de variados menjunjes. Las mujeres, al menos las que se alcanzan a ver, zafan de una práctica que las dejará un poco desprolijas para atender a sus futuros pacientes.



Las energías no se agotan y los paquetes por kilo de alimentos tampoco. La fiesta da para un rato más. El objetivo: festejar el fin y el comienzo de etapas muy importantes en la vida de los presentes. Una carrera termina y otra empieza. Una generación más de médicos está lista para trabajar al servicio de la salud de los uruguayos.

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