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Para combatir el machismo hay que empezar por casa

      
Fuente: Shutterstock

Mucho se habla en la actualidad sobre machismo y se lo suele etiquetar como una cosa contraria al feminismo, lo que representa un error conceptual importante. Mientras feminismo puede definirse según la RAE como “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”, el machismo significa “Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. Esto último es lo que debemos combatir, no solo las mujeres, sino toda la sociedad.

El machismo, como queda demostrado, no es más que una muestra de la virilidad y predominio de los hombres sobre las mujeres. Es una manera (que siempre existió, pero que hoy parece evidenciarse) de mostrar que las mujeres son inferiores. Esto genera a nivel social un sinfín de situaciones de desigualdad y violencia simbólica, que en muchos casos suelen transformarse en violencia literal hacia las mujeres.

El machismo, como muchos de los males de nuestra sociedad, es cultural. Los hombres no nacen siendo machistas, sino que aprenden desde la más tierna infancia y naturalizan algunas actitudes que a lo largo del proceso de socialización definen su manera de pensar y sentir.

Si buscamos una sociedad igualitaria en un futuro, debemos empezar a cambiar las cosas hoy y estos cambios deben empezar por casa, en la educación de los niños. La familia es el primer agente socializador la cual debe ser totalmente responsable de la formación afectiva, social y de identidad de los niños.

Muchos padres consideran que los niños tienen que ir a “aprender cosas” en la escuela, pero en estos casos se confunde la idea de educación con enseñanza. Por supuesto que la escuela es otro agente socializador, pero los valores deben aprenderse primero en cada hogar.

Si queremos hijos e hijas que no se conviertan en futuros machistas, lo primero es construir un modelo de igualdad en casa, con un papá y una mamá (o dos mamás y dos papás)  que se repartan las tareas de la casa, trabajen, realicen actividades de todo tipo sin diferenciación de género. Estas prácticas cotidianas con un discurso que responda a ellas, hará que los más pequeños ya comiencen a incorporar la idea de igualdad.  

Sobre este último punto, el discurso es esencial. Si lo que queremos es evitar la creación de estereotipos no podemos decir a nuestros hijos “Ese juguete es de nenas”. Lo mismo para las niñas; no puede haber en nuestro discurso frases del tipo “El fútbol es para varones”. Y es igual tanto para chicos, como para chicas: muchas mujeres son incluso más machistas que los hombres.

Para crear una sociedad más libre e igualitaria los niños deben tener un poco más de poder a la hora de elegir sus juguetes o actividades extraescolares. Fomentar la capacidad de elegir en los más pequeños no solo los libera de prejuicios, sino que además los convertirá en adultos mucho más resueltos.

Pero hay que tener presente que no es solo cuestión de “abrir la cancha” para las mujeres; los hombres también tienen que ser más libres. Y esto significa criarlos en la igualdad.  

Si el rol de la mujer se expande, el del hombre también puede hacerlo. Para conseguirlo, debemos cultivar una mayor empatía y cooperación en los niños; dejarlos sentir, no reprimirlos cuando se ponen emotivos diciendo “Dejate de llorar como una nena”, sino dejar que se expresen como lo sientan necesario.

El machismo social en la actualidad es el reflejo de nuestra educación, donde ciertas actitudes y roles equivocados fueron naturalizados, sin cuestionamientos. Hoy tenemos el poder de cambiar el futuro a través de una educación más reflexiva e igualitaria.



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