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Qué es el impuesto rosa y cómo lo sufren las mujeres

      

Los precios varían de acuerdo a las marcas que consumimos, y eso está bien, pero ¿qué pasa cuando un producto es igual a otro pero en su versión femenina sale más caro? Este es el llamado impuesto rosa (Pink tax o Woman tax) y es un impuesto invisible que pagan todas las mujeres cada vez que compran un producto que se separa en versiones para mujer y hombre.

Los productos en versión mujer, esos que vemos de rosado en los supermercados, como las maquinitas de afeitar, los perfumes, el shampoo y los servicios, como la peluquería, salen más caros cuando son para mujeres. Si bien las diferencias son mínimas, casi imperceptibles, si se lo suma día a día se traducen en miles de pesos.

Este fenómeno existe desde hace muchos años, pero ha pasado desapercibido para la mayoría. En algunos estados de Estados Unidos, las denuncias por este aberrante hecho fueron tales que sacaron leyes para que no haya diferencias de precios entre los productos de mujer y los de hombre. Sin embargo, todavía es ignorado en muchos lugares.

Estas diferencias de precios no se sostienen bajo ningún argumento lógico, dado que el costo de producción es el mismo porque la mayoría de las veces estamos ante productos idénticos que solo varían en su color. De acuerdo a lo informado por Clarín, pareciera que solo se cobra más a las mujeres porque ellas gastan más y  serían quienes estarían dispuestas a pagarlo. Es por tanto, un juego del mercado basado en una convención social.

Este impuesto rosa, es poco ético en un mundo en el que se aplaude y fomenta la igualdad entre los géneros. Por fortuna, ya en varios países se alza la voz en contra de este impuesto por ser mujer y gracias a las redes sociales se están conociendo los abusivos precios que se pagan por artículos diferenciados por género.

En el Tumblr denominado Woman Tax se pueden apreciar fotos que muestran las diferencias de precios entre productos de hombre y mujer. En esta cuenta los usuarios envían fotos de lo que encuentran en las góndolas de los supermercados, lo que ha servido para alertar a las personas sobre la existencia de este impuesto y hacer los descargos correspondientes.

Esperemos que en un futuro no muy lejano podamos gozar de una verdadera igualdad, donde hombres y mujeres paguen lo mismo si obtienen los mismos productos o servicios y las compañías no se abusen basándose en supuestas ideas sobre hábitos de consumo.

 



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